En el 2002, el entonces jefe de la política exterior de la Unión Europea (UE), Javier Solana, dijo a los montenegrinos que si optaban por un referendo de independencia ya podían olvidarse de Europa. En mayo del 2006 hicieron el referendo y los independentistas lo ganaron por los pelos (55,4% a favor, cuando la UE había fijado el 55% como mínimo para reconocer la validez de la secesión). La participación fue del 86,3%. En diciembre del 2010, Bruselas concedió a Montenegro el estatus de país candidato al ingreso en la UE y las negociaciones ya han comenzado.
Con Yugoslavia ya descompuesta, Montenegro mantenía una unión solo con Serbia, que la UE trató de preservar en el 2002 con un nuevo acuerdo constitucional. Pero este acuerdo permitía a cualquiera de las dos partes optar por la secesión al cabo de tres años. Y eso es exactamente lo que hicieron los montenegrinos. Así pues, Solana logró solo retrasar lo que era inevitable. "Hoy el resultado de un referendo sería más convincente. La gente ha notado los beneficios de la independencia. Montenegro vuelve a ser un país independiente y reconocido internacionalmente", explica a este diario Marina Vukovic, directora de la cadena estatal de televisión.
Veljko Martinovic, un montenegrino afincado en Barcelona desde hace 18 años, coincide con Vukovic en que ahora el resultado del referendo sería mucho más amplio a favor de la independencia. "Muchos de los que se pronunciaron en contra se habían tragado la información que venía de Belgrado y que aseguraba que Montenegro, por sí solo, no era viable. Jugaron la carta del miedo. Pero todo eso se ha demostrado falso".
Martinovic viaja a menudo a su país de origen por motivos de trabajo. Estaba allí el pasado Onze de Setembre y nos cuenta que la televisión montenegrina informó de la gigantesca manifestación en Barcelona. La cadena dijo que habían participado dos millones de personas, explicó que dos años antes se habían celebrado unas consultas simbólicas y añadió que la crisis en España ha agudizado los sentimientos nacionalistas. "Allí se ve con simpatía el proceso", subraya Martinovic. "Nosotros creemos que todos los pueblos tienen el derecho a decidir su propio destino", afirma Vukovic desde Podgorica.