Cuando Alfredo Pérez Rubalcaba deploró ayer el derecho a decidir de Catalunya y su inclusión en el programa electoral del PSC, la dirección de los socialistas catalanes ya sabía lo que iba a decir y bendijo la estrategia. El líder del PSOE y su homólogo del PSC, Pere Navarro, cenaron el domingo en la sede de la madrileña calle de Ferraz, junto a otros dirigentes de ambos partidos, para pactar sus discrepancias sobre el referendo soberanista. Ambas partes asumieron que sus divergencias no podrán resolverse antes de las elecciones del 25-N, por lo que decidieron transmitirlas con toda naturalidad, a fin de no dañarse mutuamente. Ni Navarro puede dar la espalda al derecho a decidir si quiere salvar lo más posible la partida electoral, ni Rubalcaba puede avalarlo en plena marejada interna en el PSOE tras las debacles de Galicia y Euskadi.
Información publicada en la página 17 de la sección de Política de la edición impresa del día 30 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Acabado el consejo nacional en el que el PSC aprobó su programa, Navarro se marchó a Madrid, acompañado de su número dos, Antonio Balmón, y del secretario de organización, Daniel Fernández. Por parte del PSOE participaron también en la cena sus tres primeros espadas: Rubalcaba, Elena Valenciano y Óscar López. Según las fuentes consultadas, el ambiente fue cordial, pese a las diferencias de criterio. Las conversaciones siguieron ayer y hoy tendrán ocasión de volver a hablar porque Rubalcaba presenta una conferencia coloquio de Navarro en Madrid.
El secretario general del PSOE llevaba días sorteando el derecho a decidir y, en su primera reunión de la ejecutiva tras las elecciones vascas y gallegas, dijo lo que todos daban por hecho que diría: «No estoy de acuerdo». Primero en Onda Cero y después en rueda de prensa, dejó claro que esta propuesta de los socialistas catalanes no cuenta con su aval. No obstante, consciente de la complicada situación del socialismo catalán, Rubalcaba tuvo guiños hacia el PSC: «Que [Catalunya] tenga trato que refleje su singularidad, sí; que tenga privilegios, no; que eso rompa la igualdad de los españoles, tampoco». Y añadió que el resto de reformas constitucionales que propugna el PSC para que España sea un Estado federal le parecían «bien».
Tras las críticas y movimientos de los últimos días, la ejecutiva se presentaba tempestuosa. Pero lo fue poco. «Me he sentido unánimemente apoyado», dijo Rubalcaba. Nadie le cuestionó su línea de oposición, ni le pidió acelerar las primarias para elegir al candidato (algo que propugnan muchas federaciones), ni mucho menos le exigió que dimitiera.
REPROCHES A GRIÑÁN / De hecho, los principales reproches los recibió el presidente andaluz y del PSOE, José Antonio Griñán, que mantiene un pulso con Rubalcaba y no ha descartado postularse como relevo. Varios integrantes de la ejecutiva, sin citarle, le afearon sus pronunciamientos. Griñán, por su parte, se quejó de que desde ese mismo órgano también se cargaba contra sus colaboradores, y defendió que Andalucía no se quede al margen del debate territorial.
El exabrupto de la jornada lo protagonizó el exdirigente socialista y expresidente del Congreso José Bono, al invitar al PSC a expulsar de sus filas a quienes no estén «por la unidad de España». Fernández respondió que esas opiniones son más propias «de un dirigente de la FAES».