El pasado martes, el vicesecretario general de los socialistas catalanes, Antonio Balmón, recibió una llamada de las altas instancias del PSOE. La petición era concreta: Ferraz, sede de los de Alfredo Pérez Rubalcaba, quería que el PSC dejara de utilizar la expresión «pacto fiscal» porque se presta a confusiones y permite seguir hurgando en los distintos discursos de los socialistas en Barcelona y Madrid. Desde ambos lados insisten en que los mensajes son coherentes. Cuando el PSC habla de «pacto fiscal», se refiere a su propuesta de modelo de financiación y no al concierto económico. Cuando el PSOE dice «no» al pacto fiscal, alude a la propuesta de Artur Mas.
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Sin embargo, y a pesar de esta llamada, la confusión se sigue produciendo. Poco antes de la reunión de la Moncloa, la número dos del PSOE, Elena Valenciano, dijo en TVE que Mariano Rajoy no debía darle a Mas un pacto fiscal para Catalunya. Y justo después, el portavoz del PSC, Jaume Collboni, señaló a Efe que los socialistas estaban a favor de «un nuevo pacto fiscal».
Porque ante el escenario que ahora se abre, la apuesta del PSC es esa: el pacto fiscal. Su pacto fiscal, que aboga por limitar la solidaridad entre autonomías sin llegar al modelo de Mas, dado por muerto tras su encuentro con Mariano Rajoy. La ola soberanista y el probable adelanto electoral han cogido al PSC con el pie cambiado. Aún no tiene candidato, aunque ayer su primer secretario, Pere Navarro, dijo que este asunto, hasta que el president no convoque, «no toca». Un anticipo podría forzar a los socialistas catalanes a desterrar sus primarias abiertas y colocaría al actual líder como único aspirante. Pero esto también le plantearía a Navarro un problema de legitimidad, dado que parte de su partido, el ala más catalanista, no lo ve con buenos ojos.
En cualquier caso, el primer secretario aseguró que el PSC estaba preparado para unos comicios. Navarro repartió culpas entre Mas y Rajoy. Dijo que el «callejón sin salida» en el que se encuentra hoy Catalunya obedece tanto a la «irresponsabilidad» del jefe del Ejecutivo como a la «incompetencia» del president en la gestión de las finanzas y de la manifestación de la semana pasada. «La hizo suya sin pensar en unas consecuencias que ahora le sobrepasan», sostuvo Navarro, que insistió en que su partido apuesta por un «federalismo asimétrico» en el que Catalunya siga formando parte de España.
DIFÍCILES EQUILIBRIOS / El encaje de la autonomía obliga a los socialistas a realizar complejos equilibrios. El PSOE señala que apoya el modelo del PSC (al menos el federalismo; no tanto la asimetría), pero lo dice sin mucho entusiasmo para no molestar al resto de territorios. Aún no ha discutido a fondo este asunto. A principios de noviembre se celebra su conferencia política, pero allí no se abordará. «No está pensada para eso», señalan en Ferraz, donde barajan, en cambio, convocar un consejo territorial, órgano que reúne a los secretarios generales de todas las comunidades, para abrir un melón que se presenta espinoso.
El PSOE se esfuerza estos días, y lo hará más ahora que parece que las urnas están a la vuelta de la esquina, en diferenciarse del PP a los ojos de los ciudadanos de esta autonomía. «No tenemos nada que ver -explicó ayer un dirigente muy cercano a Rubalcaba-. Ellos recogieron firmas contra el Estatut y lanzaron mensajes contra Catalunya. Nosotros no hicimos nada de eso. Rajoy debería haber dado una respuesta política a este asunto. Porque es increíble que CiU y el PP se pongan de acuerdo en casi todo, y sin embargo no hayan hablado de la tensión territorial».
Mientras tanto, el expresidente Felipe González, que sigue siendo el referente para muchos en el PSC, cargó ayer, sin citarla, contra la deriva de Mas: «Sigue habiendo utopías regresivas, que me parecen intelectualmente repulsivas, y nacionalismos demagógicos y excluyentes que se agudizan en época de crisis».