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El primer secretario y candidato del PSC, Pere Navarro, tras la entrevista a Efe. EFE / ALBERTO ESTÉVEZ
El primer secretario y candidato del PSC, Pere Navarro, tras la entrevista a Efe. EFE / ALBERTO ESTÉVEZ
Información publicada en la página 18 de la sección de Política de la edición impresa del día 13 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Cinco años después, el PSC tiene que volver a conjurarse contra el efecto Maragall, pero en peores condiciones que en aquel 2007, cuando el expresident Pasqual Maragall rompió el carnet del partido. El portazo que ha anunciado su hermano Ernest ha resonado con mayor fuerza en la sede socialista por el temor a que su futura aventura política agudice la extrema debilidad de una organización que intenta exorcizar contra reloj los fantasmas electorales. Aprovechando que el exconseller no activará su proyecto soberanista hasta después de los comicios, la dirección del PSC ha optado por el mensaje conciliador, sin reproches y con deseos de unas futuras relaciones cordiales.
«No nos comerá ningún espacio político», afirmó con rotundidad el secretario de organización del partido, Daniel Fernández. Los socialistas interpretan que Maragall ha sido un verso suelto en los últimos meses, incluso para el propio sector catalanista, al que el exconseller estaba adscrito, por lo que creen que su marcha y la constitución de Nova Esquerra Catalana, prevista para el 15 de diciembre, no producirá efecto llamada en otros dirigentes críticos. Ningún otro miembro del ala catalanista ha amagado con abandonar el PSC y, en el caso de la exconsellera Montserrat Tura, ha rechazado incluso una oferta de ERC para figurar en sus listas.
Falta por ver si se confirma la debacle electoral que predicen los sondeos y cómo podría afectar a la estabilidad interna, aunque esta pasará hoy y mañana una auténtica prueba de fuego. La comisión de listas debe decidir la composición de las candidaturas que el consejo nacional votará mañana. La patata caliente se la ha dejado la federación de Girona. El primer secretario y alcalde de Palafrugell, Juli Fernández, favorito de la dirección para encabezar la lista, fracasó en su intento de relegar a la exconsellera Marina Geli, propuesta por 11 agrupaciones frente a las seis que apoyaron al líder provincial.
La rebelión de las bases le llevó a dar un paso atrás y plantear como alternativa a la senadora Iolanda Pineda, exalcaldesa de Salt. La maniobra tampoco pacificó los ánimos y, al final, Fernández optó por dejar la decisión en manos de la cúpula del PSC. Pineda no disgusta al líder, Pere Navarro, pero, en ese caso, la dirección deberá justificar por qué elige a una candidata propuesta por una sola agrupación, y más si, al final, no reserva a Geli un puesto de salida.
BARCELONA, COCAPITAL / El peso del ala catalanista en las listas será clave para evitar nuevas tensiones a un mes de la campaña y tras el desaire de Maragall. La paradoja es que, desde hace varias semanas, Navarro no pierde oportunidad para reivindicar la huella del maragallismo. Dentro del federalismo asimétrico que defiende como alternativa a la independencia, el candidato planteó ayer, en una entrevista a Efe, que Barcelona acoja instituciones como el Senado y organismos como la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones, a fin de que se convierta en un polo de actividad política y económica. Una idea que recuerda a aquel Pasqual Maragall que, siendo alcalde, se preguntaba por qué todos los ministerios tenían que estar en Madrid.