Las elecciones catalanas no se jugarán en el terreno espumoso de las soflamas independentistas radicales o del españolismo rancio, por muchos titulares que puedan acaparar. La clave estará, más que nunca, en el notable espacio central que ocupan los ciudadanos que se sienten tan catalanes como españoles (el 34,9%, según el último sondeo de la empresa GESOP para EL PERIÓDICO, un porcentaje que ha crecido cuatro puntos en dos meses, en paralelo al gran aumento de los que se sienten solo catalanes), ciudadanos que viven en el entorno de Barcelona, castellanohablantes, catalanistas pero con dudas sobre la viabilidad del terreno desconocido al que el Artur Mas quiere llevarles.
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