La campaña vasca que dará oficialmente comienzo esta medianoche no va a transcurrir por los mismos derroteros que la catalana. Quizá porque aún está muy reciente la frustrada experiencia del plan Ibarretxe o porque el debate identitario daría más alas a la ya ascendente izquierda aberzale, el caso es que las primeras elecciones autonómicas que se celebran con ETA inactiva estarán más marcadas por la crisis que por el soberanismo. Al menos, esa es la intención del PNV, el partido al que todas las encuestas dan como ganador y cuyo presidente, Iñigo Urkullu, se perfila como nuevo lendakari.
En la campaña gallega, una de las grandes diferencias entre el PP y el PSOE reside en la importancia que otorgan uno y otro partido a la política nacional en la lectura del resultado que se produzca el 21 de octubre. Los conservadores consideran que se votará en clave autonómica, y que los recortes, las subidas de impuestos y el probable rescate no tendrán un peso relevante.
Los socialistas, en cambio, sostienen que nada de lo que hace el Gobierno central les es ajeno a los gallegos, y que allí se juzgará tanto la gestión del candidato a la reelección, Alberto Núñez Feijóo, como la del jefe del Ejecutivo, Mariano Rajoy. En unos comicios que se presentan ajustados, los primeros intentan separar a ambos dirigentes y los segundos se esfuerzan por juntarlos.
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