El siempre desafiante ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, se está convirtiendo en un gran aliado del independentismo. El desprecio y la descalificación que el también dirigente del PP dedicó ayer a la propuesta de pacto fiscal (concierto incluido) aprobada en el Parlament puede contribuir a un avance electoral en Catalunya y que los comicios, en principio previstos para finales del 2014, acaben convocándose en la primavera del año que viene o incluso este próximo otoño, según reconocen en la federación nacionalista. En este contexto, CiU se presentaría a las urnas con un programa netamente rupturista con el Estado. Un plan pensado para llevar a cabo, en palabras de un alto dirigente de Convergència, «actos de soberanía».
El Gobierno central no permitió ni 24 horas de alegría y autoafirmación a los diputados del Parlament que votaron a favor del pacto fiscal. Esta agresividad gubernamental puede precipitar todos los calendarios. La intención del president, Artur Mas, era la de iniciar ahora la negociación con el Estado con el propósito de concluirla este mismo año. Pero a diferencia del Estatut, en esta ocasión el paso siguiente no implica trasladar la resolución del Parlament al Congreso. Atenderla o no depende exclusivamente de la voluntad política del Ejecutivo del PP. Otra es que, cara a presionar, CiU decida que le interesa que el Congreso también debata el concierto catalán.
CARTAS NEGOCIADORAS / Si la negociación se acaba iniciando, Mas partirá hacia Madrid dispuesto a vincular la Agencia Tributaria catalana a la española (el PSC pedía una fórmula de consorcio, pero CiU se negó para tenerla como baza ante Mariano Rajoy) y también abierto a que el nuevo modelo se aplique de forma progresiva en el tiempo, a la vista de la precariedad de las finanzas públicas.
Los más optimistas en CiU todavía esperan que la respuesta oficial no sea la de Montoro, es decir, el portazo. En este sentido recuerdan que el PPC ha presentado en el Parlament una propuesta de financiación singular para Catalunya que contiene motivos para la esperanza. Y añaden que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha dado largas a la respuesta definitiva, pero no ha expresado un no frontal.
Pero hoy por hoy lo que existe es la andanada del titular de Hacienda, riñendo a quienes defienden este modelo para Catalunya. «¿Es posible que a estas alturas de la crisis alguien entienda que hay salida desde su propia soledad? ¡¿Pero qué están diciendo?!», espetó el ministro aprovechando una comparecencia en el Senado. Montoro agotó su catálogo de gestos y adjetivos. Tachó la propuesta de «inoportuna» y «contradictoria» y acusó a los que la defienden de querer «engañar a los ciudadanos conduciéndoles a falsas salidas de la crisis» y «ventanas para escapar» por las que «no hay salida».
EL PPC INVOCA LAS REGLAS / Por si no había quedado claro, la presidenta del PPC, Alicia Sánchez-Camacho, anticipó la respuesta de Rajoy a Mas: «Le dirá que no se puede presentar un modelo de financiación que rompa las reglas del juego», apuntó Camacho en declaraciones a RAC1.
CiU calificó de «brutal y ofensiva» la intervención del ministro. Y las voces más soberanistas de la federación velaron armas: el rechazo del Gobierno alimenta el camino hacia la independencia de Catalunya. El conseller de Interior, Felip Puig, advirtió de que si se pierde «el partido del pacto fiscal», entonces «ya se verá si es por culpa del árbitro y si hay que marcharse del estadio y no volver más», dijo Puig en COM Ràdio.
El conseller de Economia, Andreu Mas-Colell, también sacó el orgullo. «Nadie escribirá el guion de Catalunya, sino que lo haremos nosotros», aseveró ayer en un acto en el que recibió el apoyo de las cámaras de comercio al pacto fiscal.
En lo más inmediato, voces autorizadas de CDC rechazaban ayer tajantemente que el PSC pueda participar en el grupo de trabajo «con capacidad decisoria» de los partidos que han manifestado el «pleno apoyo» a la propuesta. Otra cosa es que los socialistas catalanes tengan canales de participación y conocimiento del proceso negociador... si es que tal negociación se llega a producir.
Una de las consecuencias de la votación del miércoles que agrupó a CiU, ERC e ICV-EUiA es la sintonía evidente entre la federación nacionalista y Esquerra. Sintonía, pero no tanta como para que los republicanos se conviertan en el nuevo aliado del Govern para aprobar los presupuestos para el 2013. Eso sí, si el choque con el Estado se precipita, a Mas no le hará falta aliado alguno para votar las cuentas, porque para entonces puede ser que el Parlament ya esté disuelto.