La nave convergente que pilota Artur Mas, presidente aficionado a los símiles marineros, parece haber iniciado una maniobra de cambio de rumbo en sus relaciones con el PP. El tiempo dirá si se trata de un movimiento esporádico para capear el oleaje o si se consolida el nuevo derrotero. Hace meses que Mas repite que no se debe repetir el error del último mandato de Jordi Pujol -gobernar dependiendo del PP en el Parlament y sin capacidad de influir en Madrid-, que dio pie a la pérdida del poder tras 23 años. Si a ello se suma la evidencia de que la geometría variable de pactos del Govern se está transformando en una tenaza del PP en el Parlament se entiende que la federación nacionalista haya decidido dar un paso más en la estrategia de desmarque respecto a los populares: una enmienda a la totalidad a los Presupuestos Generales del Estado. Así se lo ha hecho llegar ya CiU al Ejecutivo de Rajoy.
Los nacionalistas ven ya prácticamente imposible que el Gobierno rectifique en la tramitación parlamentaria unas cuentas que castigan severamente a Catalunya. El Presupuesto no solo no cumplen con el Estatut en cuanto a las inversiones pendientes sino que recorta la aportación a Catalunya en ámbitos clave como las infraestructuras o la ley de dependencia. Eso sin contar con el anuncio de otros 10.000 millones de euros de recorte en sanidad y educación, pilares del Estado del bienestar que gestionan las autonomías.
RAJOY QUIERE A CIU DE ALIADO / Hasta ahora el Govern ha ido elevando el tono de su rechazo al Presupuesto. A medida que la Generalitat ha ido conociendo la letra pequeña de las cuentas, de la tibieza inicial se ha pasado a un rechazo firme. El siguiente paso será, según han confirmado fuentes de CiU, presentar una enmienda a la totalidad. Un paso que hará muy difícil, aunque no imposible, que tras la negociación de las enmiendas parciales la federación apoye las cuentas en la votación definitiva dentro de dos meses. Y esa decisión puede marcar un punto de inflexión en la relación entre ambos partidos y entre ambos gobiernos.
El rechazo de CiU provocará un notable malestar en el Ejecutivo. Por algo Mariano Rajoy, en su discurso del pasado miércoles ante el grupo parlamentario del PP, pidió a los suyos que, pese a la mayoría absoluta, busquen el acuerdo con CiU para aprobar el Presupuesto.
Pero según explican altos dirigentes de la federación nacionalista, la respuesta del Gobierno a sus demandas para que se cumplan las inversiones es: «Ya lo arreglaremos». Consciente de la grave situación de las arcas del Govern -que muy probablemente empeorará debido a la exigencia de nuevos recortes-, CiU difícilmente puede avalar unos Presupuestos estatales si no cambian las condiciones.
MALESTAR INTERNO / Si a ese escenario se le suma que el PPC ha aprovechado el reciente pleno del Parlament sobre los recortes para apretar las tuercas a CiU, el escenario que se configura, asumen los nacionalistas, es de un «punto de inflexión». La imagen del joven diputado raso José Antonio Coto, del PPC, lanzando amenazas al Govern, mientras CiU en Madrid ha estado apoyando a Rajoy en asuntos controvertidos como el primer plan de ajustes, la reforma laboral, la amnistía fiscal y la ley de estabilidad presupuestaria, ha causado una gran irritación.
Las voces más soberanistas del grupo parlamentario nacionalista ya reclaman claramente un golpe de timón. Los adjetivos que miembros de CiU y el Govern dedican a la influencia de la líder del PPC, Alicia Sánchez-Camacho, sobre la navegación del Govern son irreproducibles. Y la esperanza de conseguir de Rajoy el pacto fiscal es más que exigua a medida que se constata la carta de navegación del Gobierno, basada en un único objetivo: recortar.
¿Cuál será la consecuencia de todo ello? En la federación nacionalista no se quiere oír hablar de elecciones anticipadas. Así, la absoluta disposición de Esquerra a salvar los muebles a CiU en el Parlament puede ser una pista de hacia dónde se encaminará la política de alianzas de Mas. Acaso mucho antes de lo previsto.