Mario Draghi, presidente del BCE y Luis de Guindos, ministro español de Economía. THIERRY ROGE | EFE
Justo hoy hace un año, el Banco de España intervino la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM). Su desmantelamiento se convirtió en el paradigma que aúna dos de las grandes desdichas de este país: la politización de las cajas de ahorros y un modelo económico, el valenciano, que ha sido el primero en quebrar después de ser durante años el mejor ejemplo de la falsa opulencia. Desde que la CAM cayó (el entonces gobernador de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, calificó esta caja ahora en manos del Banc de Sabadell como «lo peor de lo peor»), todo lo que podía ir a peor ha empeorado, hasta llegar al desconcierto en el que hoy vive sumido el país. Ciudadanos y gobernantes --y eso lo más preocupante-- contemplan impotentes los ataques a la deuda española protagonizados por despiadados estraperlistas de cuello blanco.
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