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Pacto con listón

Sábado, 14 de julio del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
XAVIER BRU DE SALA

A la hora de elaborar el nuevo Estatut, las fuerzas políticas del Parlament pusieron el listón tan alto que luego saltamos sin tocarlo, pero por debajo. En el referendo, pero sobre todo a partir de la posterior sentencia, aquella aventura tenía muy pocos defensores (aunque siempre he pensado que valía la pena intentarlo). Recordemos que la iniciativa de un salto cualitativo en el autogobierno de Catalunya fue socialista. Recordemos que no había plan B. Recordemos que el avance fue modesto. No hace falta recordar, porque eso pertenece al presente, el incremento del independentismo, consecuencia directa de aquella frustración.

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Información publicada en la página 23 de la sección de Política de la edición impresa del día 14 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

Contamos pues los catalanes con una experiencia notable. El pacto es el segundo intento en 10 años de resolver o medio resolver el problema de la relación, antes llamada encaje, con España. Lo que no queda claro es el uso que los interlocutores políticos y sociales están dispuestos a hacer de aquella experiencia. Nadie habla de ella, como si no existiera, pero de una forma u otra hay que tenerla presente, y se supone que todo el mundo la tiene en la cabeza, y no en el subconsciente.

En todo caso, la experiencia estatutaria, y sobre todo su mal final, pesa como una losa sobre las negociaciones para un consenso catalán en el pacto fiscal. Pesa más aún el crecimiento exponencial del soberanismo, o si lo preferís el derecho a decidir. Tanto es así que la posible divisoria entre los partidos que trazaría una raya entre los de obediencia española y los de obediencia catalana, para apelar una vez más a las denominaciones clásicas, constituye en nuestros días una grave amenaza. Como si en vez de discutir sobre la llave de la caja estuviéramos hablando de otra cosa, la que quizá, quién sabe, vendrá después. Esta vez es primordial estudiar bien dónde ponemos el listón. ¿Por qué es tan importante si el Estatut aprobado por el Parlament parecía una jaula de pajaritos voladores? Porque en el panorama se respira un aire de ultimátum. O todo o nada. O las aspiraciones catalanas son satisfechas, o bien...

¿O qué? La gran diferencia es que ahora existe un plan B. Un plan B que se puede llamar transición nacional, soberanismo, ruptura de la legalidad española por el Parlament de Catalunya, u ola independentista. Tal como están las cosas, y la crisis, y el mal gobierno de España ayudan y más que lo harán, la conjunción que ya se respira de inde-

pendentistas y confederales para decidir desde Catalunya y de manera unilateral, solo se podría frenar con un éxito claro del pacto. Por eso los socialistas, que brindaron al sol con el Estatut, ponen ahora el freno. Porque es de temer que para muchos de los promotores y partidarios del pacto fiscal el plan B es en realidad el plan A. El pacto, publicidad soberanista con la complicidad del PSC.

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