El Periódico

TERREMOTO EN LA FUERZA MORADA

Las bases del nuevo Podemos

Iglesias y Echenique quieren un partido más pegado a la militancia y reforzar el poder de los barones autonómicos

Los afines a Iñigo Errejón evitarán el choque frontal y sopesan apoyar al nuevo secretario de organización

Las bases del nuevo Podemos

AFP

Pablo Iglesias y Pablo Echenique durante una rueda de prensa en la sede de Podemos, el pasado 18 de marzo.

Lunes, 28 de marzo del 2016 - 08:00 CEST

Podemos dejará de ser una "máquina de guerra electoral" para convertirse en un sujeto político distinto al que nadie se atreve todavía a etiquetar. La voluntad de transformación parte de Pablo Iglesias que, profundamente dolido por una crisis interna en la que ve tintes de traición, abjura de la fórmula belicista acuñada por Íñigo Errejón para definir al partido, y desea abrir una nueva etapa en la que primen las lealtades y la cercanía con las bases. El líder no ha abundado en la descripción de cómo ha de ser el nuevo Podemos, pero ha encargado a su flamante secretario de organización, Pablo Echenique, que aterrice ese ideal etéreo en una nueva arquitectura para la fuerza morada.

El líder en Aragón ha comenzado a preparar estos días un documento que detallará el viraje del partido y que presentará el próximo sábado 2 de abril en la reunión del órgano de dirección, el consejo ciudadano estatal. En ese encuentro, los dirigentes deberán votar si le aceptan como secretario de organización, como sucesor del destituido Sergio Pascual, cuya cabeza Iglesias se cobró por no haber controlado a la cúpula en Madrid y no haber impedido la dimisión de 10 consejeros regionales fieles a Errejón.

El flamante secretario de organización despierta consenso y empatía en todas las facciones por no estar alineado

El sector próximo al número dos contempla con estupor el devenir de los acontecimientos. Cuando conocieron la destitución de Pascual, planearon votar en contra del candidato que propusiese Iglesias y dieron por hecho que auparía a uno de sus cargos de confianza, Rafa Mayoral o Juan Manuel del Olmo, por quienes sienten un evidente rechazo. La propuesta de Echenique les dejó tan aliviados como noqueados. El jefe de Podemos en Aragón es una figura que despierta consenso y empatía, no está alienado con los pablistas y el grueso de los dirigentes cercanos a Errejón admite que no querrían tumbar su candidatura. En lo personal le aprecian, y en lo político, reconocen, implicaría romper a Podemos.

CÓMO SER RECORDADO

Fuentes del sector errejonista admiten que la jugada de Iglesias fue maestra, porque intuyen que no la tenía planificada antes de fulminar a Pascual y creen que la improvisó en los dos días que transcurrieron desde el cese hasta la propuesta de candidatura. En cualquier caso, les deja bloqueados por el momento.

El número dos ya ha trasladado a los suyos que no quiere pasar a la historia como el dirigente que dinamitó a Podemos, así que, tras las vacaciones de Semana Santa, continuará defendiendo su visión sobre lo que ha de ser el partido y cómo deben afrontarse las negociaciones con el PSOE, pero no está dispuesto a iniciar una guerra abierta que pondría en peligro el proyecto político. En la destitución de Pascual intuye que también late una advertencia a su persona. Hasta dónde llegan la presión y las discrepancias se verá en el consejo ciudadano, una vez escuchados los informes de Iglesias y Echenique sobre el viraje del partido.

De ese nuevo Podemos ha trascendido poco y lo que se conoce parece más accesorio que nuclear. El dirigente aragonés ya ha anunciado que quiere que los líderes autonómicos tengan mayor peso en la organización, algo que se podría concretar en otorgarles más poder en las reuniones de la dirección. También desea una organización en mayor contacto con los círculos, las bases del partido, que han perdido buena parte de la ilusión con la que comenzaron. La dirección admite desde hace tiempo que el empeño --y la necesidad-- por construir un partido rápidamente como “máquina electoral” ha dificultado la relación con los simpatizantes. Echenique se plantea estimular la participación de los podemistas y recuperar el empuje desde abajo. La tesis no es nueva. Desde que se marchara del partido en abril de 2015, el cofundador Juan Carlos Monedero ha venido recomendando a Podemos que vuelva a sus orígenes.

El número dos frena una posible rebelión de sus afines para no ser acusado de haber dinamitado la formación

El problema de volver a su génesis es que ese embrión fue creado en buena medida por Errejón, de modo que cuesta creer que Iglesias y Echenique quieran regresar a las mismas esencias. Por lo menos, no a todas.

El ADN de Podemos está escrito en los documentos que se aprobaron en la asamblea fundacional de Vistalegre, en octubre del 2014, y que fueron redactados en gran medida por el número dos. Echenique estaba alineado en aquel momento con las tesis que defendía Teresa Rodríguez, del sector de Izquierda Anticapitalista, y votó en contra de los postulados de Iglesias y Errejón. Él mismo reconoce que su posición ha variado.

También Iglesias opina que la organización de Podemos es manifiestamente mejorable. La cuestión es si el cambio se ciñe solo a la arquitectura orgánica o implicará a su vez la reconfiguración del campo político-discursivo, que es el espacio en el que subyacen las discrepancias entre pablistas y errejonistas.

Los partidarios del Errejón temen que Iglesias quiera reconducir a Podemos hacia una identidad obrerista, con esencias del Partido Comunista, convencidos como están de que es hacia donde le arrastra su equipo de confianza. Opinan que sería un error estratégico que arrinconaría al partido hacia una existencia minoritaria, sin capacidad hegemónica, donde arraigaría una identidad de victoria imposible, de adormecimiento en lo inalcanzable. Los errejonistas, que temen que la organización caiga en la comodidad de aceptar una posición pura pero perdedora, desean una formación transversal (en la que se identifiquen también las clases medias ilustradas), una acción política transformadora, una maquina de guerra electoral capaz de abrir brecha.

Errores y "días resbaladizos"

Tras el resultado del 20-D, Íñigo Errejón analizó la situación en que quedaba Podemos en el documento ‘Abriendo brecha: apuntes estratégicos tras las elecciones generales’. En esa reflexión, el secretario político admite abiertamente algunos errores. Sostiene que el partido no logró llegar a sectores poco permeables al cambio, que hubiese sido necesaria una organización mejor y que deberían haber comenzado antes una campaña que les fue bien con el 'efecto remontada' pero que no logró recuperar todo la intención de voto perdida durante el verano. Frente a las equivocaciones, Errejón plantea la necesidad de que Podemos se acerque a profesionales independientes capaces de conectar con amplias capas del electorado que, si bien simpatizan con el cambio, no acaban de identificarse con el partido morado. Defiende también que la narrativa de los líderes debe trasladar una épica más cotidiana e individualizada, con un estilo más cercano, pedagógico y feminizado.

Tras las elecciones, Errejón e Iglesias dejaron constancia de que esperaban tiempos difíciles y auguraban complejidades en la negociación para la gobernabilidad. “Podemos debe saber gestionar el 'impasse' y navegar equilibrios inestables en días resbaladizos”, escribió el número dos. Iglesias, apeló a Gramsci. “Necesitamos toda nuestra inteligencia, todo entusiasmo toda nuestra fuerza para seguir demostrando que sí se puede”, dijo, como cierre para su discurso en el consejo ciudadano estatal del 3 de enero. Ninguno de ellos aventuraba que las dificultades habrían de vivirlas, no sólo en la lucha contra el adversario, sino sobre todo en su propia pugna interna.

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