El proceso contra el juez Baltasar Garzón por la investigación de los crímenes del franquismo se ha reanudado este lunes con la declaración de otras cuatro víctimas del franquismo. Todas han señalado que han acudido a la Audiencia Nacional para saber la verdad. "Quiero saber quiénes y por qué se llevaron a mi abuelo", ha explicado Olga Alcega. Casi la misma justificación han ofrecido los otros testigos que contaron el drama de sus familias, que vieron cómo sus ascendientes desaparecieron durante el franquismo. "Nos condenaron a ser pobres de solemnidad", ha asegurado Pedro Fausto Canales.
Alcega ha relatado a los jueces que su padre recibió un tiro en la cabeza después de ser golpeado el 2 de septiembre de 1936 para darle su trabajo de cartero a otra persona. "Durante 75 años ha estado desaparecido", ha explicado. Y ha confirmado que se ha empeñado en buscar sus restos para saber la verdad. "Quiero que mi abuelo quede limpio, había que eliminarlo porque pensaba diferente", ha agregado. A preguntas del sindicato ultraderechista Manos Limpias, ha alabado la generosidad de las víctimas del franquismo. "Ellos no estaban en una guerra y sabían que el verdugo era el vecino de al lado", ha apostillado.
Por su parte, Rafael Espino ha confirmado la versión publicada por este diario el pasado domingo, es decir, que es familiar de siete desaparecidos y que no denunció estos hechos hasta el 2008 porque la familia "tenía miedo". Manuel Perona, de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Catalunya, ha declarado que hay más de 1.900 desaparecidos en esta comunidad. Y Canales lamentó que su padre repose en el Valle de Los Caídos, ya que sus restos fueron exhumados ilegalmente en 1959.
Tras estos testimonios, el juicio se ha suspendido hasta mañana, cuando está previsto que declaren los últimos tres testigos. Después comenzarán a examinarse las pruebas documentales, y lo más probable es que la causa quede vista para sentencia el próximo miércoles, tras la exposición de los informes finales y el turno de última palabra de Garzón. El togado de la Audiencia Nacional, que se enfrenta a una pena de 20 años de inhabilitación, es recibido y despedido por un grupo de víctimas del franquismo con una sonora ovación en cada sesión de la vista.