«Esto se tiene que acabar. Le voy a decir a Alfredo que esta tiene que ser la última vez que hacemos una ejecutiva de diez de la noche a diez de la mañana, que acabamos todos groguis, se nos escapan cosas y alguno viene con un copa de más y se lía», repetía ayer a todo el que le quisiera oír el veterano Gaspar Zarrías, curtido en centenares de negociaciones nocturnas. Se ve que la edad no perdona y, ya entrado en la cincuentena, Zarrías se mostraba decidido a romper con una de las tradiciones del socialismo español: pasarse la noche en vela negociando la composición de la ejecutiva. «Podríamos empezar a las nueve de la mañana y votar a última hora de la tarde y estaríamos todos más espabilados», insistía sin explicar qué se les había escapado, ni quién llegó más cargadito de alcohol.
Premiado 8 El lendakari, Patxi López, uno de los principales apoyos de Rubalcaba, saluda a los militantes. JOSÉ LUIS ROCA
Información publicada en la página 4 de la sección de Tema del día de la edición impresa del día 06 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
No está claro que vaya a lograr su propósito, ni siquiera que en el próximo congreso se acuerde de proponerlo. Más que nada porque en ese toma y daca nocturno gana el que más resistencia tenga al sueño. Pasarse toda la noche recibiendo a dirigentes o tener a algunos esperando hasta el alba no deja de ser una estrategia como otra cualquiera. Aunque muy cansada. Si no que se lo digan a Rubalcaba y a su equipo, que comenzaron a recibir a los dirigentes poco después de su proclamación como líder y remataron las listas de la ejecutiva y el comité federal a las ocho de la mañana. 12 horitas de reuniones. Unas tensísimas, otras amigables, según recibiera a detractores o partidarios.
El cuartel general estaba situado en un patio semicircular del hotel Renacimiento, cuya entrada y salida era perfectamente visible desde el bar. Así que entre bocatas y gintónics, los socialistas más noctámbulos y los periodistas iban observando la procesión de dirigentes, observando si salían contentos, nerviosos o cabizbajos. En una habitación estaba el despacho de Rubalcaba. En la de al lado, el de su equipo más próximo, ratificado de inmediato: Elena Valenciano, Óscar López, Antonio Hernando y el propio Zarrías, que tampoco pegaron ojo. Así que ayer, de vuelta a Madrid en el AVE, algunos ni despegaron los párpados.
La primera reunión fue la más tensa. Llegó Carme Chacón con José Zaragoza a exigir una representación del 48% en la ejecutiva y con la lista de nombres de su sector, que incluía, entre otros, a catalanes, manchegos, madrileños y andaluces, es decir, a las federaciones que apoyaron mayoritariamente a la exministra. Rubalcaba alegó que el ganador siempre conforma su equipo. «No, Pepe, no [le habría dicho a Zaragoza]. Los nombres los tengo que negociar con los secretarios generales de cada federación. Tú, si quieres, dime a quién proponéis en el PSC», cuentan que se escuchó en el entorno del nuevo líder.
Con el equipo de Chacón reunido en otra sala del hotel, controlando lo que se cocía al lado, Rubalcaba fue llamando uno a uno a los barones territoriales. Aunque no se conoció hasta la mañana, la incorporación de José Antonio Griñán como presidente del PSOE estaba acordada de antemano, quizá desde que se abortó el intento de que anunciara su apoyo a Chacón. Así que, en Andalucía, hubo que negociar cuántos de Griñán y cuántos de Chaves se incorporaban a la ejecutiva. Entró un puñado de cada.
Con Patxi López fue fácil. Ha sido su gran aliado en este congreso. Solo tenían que solventar una duda: ¿Eran compatibles la lendakaritza y una secretaría de área? Decidieron que sí. Eso y la continuidad, claro, de Eduardo Madina. Ningún problema tampoco con el secretario general de Asturias, Javier Fernández, que será el presidente del consejo territorial y mantiene a Hugo Morán en la ejecutiva.
Tensiones con la disidencia
¿Las tensiones? Además de la difícil combinación de jóvenes y veteranos, hombres y mujeres, territorios varios... pues tratar con los disidentes: el madrileño Tomás Gómez, el manchego José María Barreda, el navarro Roberto Jiménez... Este último salió triste y solo. Hay un navarro en la ejecutiva, Juan Moscoso, pero es su oposición interna. También alguno de los considerados tibios salió cabizbajo, como el extremeño Guillermo Fernández Vara, que recorrió en solitario el pasillo mirándose los pies.
Al gallego Pachi Vázquez, cuya lealtad fue cuestionada, le hicieron esperar horas. Pero Rubalcaba también tuvo que esperar. Tres horas a que los canarios decidieran a quién ponían y a dar con la clave para contentar a las múltiples familias valencianas. Así que lo que parecía que acabaría sobre las tres se prolongó cinco horas más. Luego una ducha y al plenario.