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El Doce de Octubre

«Nos quitan el pan de la boca»

La rebelión llegó a algunos comercios de Mataró, aunque muchos abrieron solo por interés comercial

Sábado, 13 de octubre del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
PILAR GARCÍA
MATARÓ

«Hoy no es nuestro día». Fue la frase más repetida ayer por los comerciantes de Mataró que se animaron a subir la persiana para dejar claro que ellos no celebran el Día de la Hispanidad, aprovechando que es uno de los festivos que la Generalitat permite abrir. «Cualquier oportunidad de ganar dinero es válida», admite Joan Boter, propietario de una droguería del centro de las de toda la vida. Eso no quita que el hecho de sentirse «catalán, y no español» le haya acabado de decidir a trabajar. «Para mí es una cuestión nacional, pero para los demás es una cuestión económica», subraya convencido. «Nos están quitando el pan de la boca», dice para reclamar la independencia como vía que facilite a Catalunya salir de la crisis, y porque «si un barco se hunde, es inútil mirar. Hay que coger el bote salvavidas e irse». Otro comerciante que prefiere no dar su apellido, Eduardo, se sumó al rechazo al 12-O, pese a haber nacido en Buenos Aires y descender de suizos y españoles: «Para mí no es fiesta. Del mismo modo que los madrileños trabajaron por la Diada». Cree que hay que ser «coherente», aunque se considera «apolítico».

Con 'estelada' 8Una de las tiendas que ayer abrió en Mataró. JOAN PUIG

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Muchas de las tiendas que abrieron, no obstante, lo hicieron por no desaprovechar la ocasión de vender. «Nosotros hace años que abrimos el 12 de octubre. La razón es solo comercial», apunta la dependienta de una tienda de ropa que abre todos los festivos permitidos, Glòria Muñoz. La lluvia de la mañana frenó, en cambio, a Esperança Pou, que no abrió su tienda de Mataró, ciudad donde el jueves Arran Maresme (antes Maulets) celebró la 18ª Botifarrada a la Hispanitat. Pou, de todos modos, ve «inviable» la independencia. No como Antoni Ymbert, que trabajó para aportar «un granito que impulse» un sentimiento que este comerciante vive «con ilusión». Las palabras de algunos ministros solo pueden traducirse en la rebelión de ayer, según la dependienta Teresa Planet: «A mí me hierve la sangre. Si molestamos tanto, que nos dejen ir».

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