Pocos meses después de abandonar la Conselleria de Governació, Jordi Ausàs (La Seu d'Urgell, 1960) explicaba satisfecho que por fin había conseguido dormir una semana entera en su casa, algo de lo que no había sido capaz en los 15 años anteriores. Como tantos cargos del tripartito, la salida de la Generalitat le había permitido regresar a la vida civil y recuperar los «pequeños grandes placeres vitales», como él mismo los definía. «Vuelves a ser propietario de tu tiempo», aseguraba Ausàs tras poner fin a dos años de conseller. La abrupta renuncia de Joan Puigcercós en el 2008, que abandonó al Govern para afrontar la carrera por el liderazgo de ERC tras el primer gran descalabro electoral del partido, hizo que este maestro de profesión pasase, sin solución de continuidad, de la alcaldía de su ciudad natal a la Generalitat.
Información publicada en la página 20 de la sección de Política de la edición impresa del día 14 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Hombre tranquilo, de trato afable, conversación amena y trabajador infatigable, a Ausàs le acompañó muchas veces la fortuna. Cuando entró en 1995, casi contra pronóstico, como diputado en el Parlament. Y cuando, en el 2003, persuadió a CiU para apoyarle como alcalde de La Seu. Incluso logró que no le salpicara la guerra de familias que vivía ERC por aquel entonces, siendo el dirigente territorial más arropado tanto por Puigcercós como por Josep Lluís Carod-Rovira.
Su firma está en dos leyes estrella del tripartito: la de consultas y la de veguerías. Forzó las costuras del Govern para sacarlas adelante, pero hoy ambas están empantanadas. La de consultas está impugnada por el Constitucional y la de veguerías, congelada por CiU. En otra ley, la electoral, ni su voluntarioso empeño evitó el fiasco. JOSE RICO