Xavier Solano, asesor del Partido Nacionalista Escocés y autor del libro El mirall escocès (Dèria Editors), ha recordado en más de una ocasión que la gran diferencia entre Catalunya y Escocia es que España no es el Reino Unido. La autorización del Gobierno de David Cameron para que los escoceses decidan su futuro en el 2014 contrasta con la amenaza del Ejecutivo de Mariano Rajoy de sentar en el banquillo al presidente catalán (aunque elude concretar qué delito cometería si acabase convocando un referendo ilegal). De ahí que CiU enarbole la Cruz de San Andrés cuando hasta ahora solo la había blandido con entusiasmo Josep-Lluís Carod-Rovira, seguramente el principal interlocutor catalán del primer ministro escocés, Alex Salmond.
Artur Mas, durante la reunión semanal del Consell Executiu, ayer en el Palau de la Generalitat. JOAN CORTADELLAS
Información publicada en la página 18 de la sección de Política de la edición impresa del día 17 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Mas envió ayer sendas cartas de felicitación a Cameron y Salmond por el «acuerdo histórico» alcanzado. En sus misivas subraya que se trata de un acuerdo que «trasciende a Escocia y el Reino Unido para convertirse en un referente a nivel internacional». El president concluye que en Catalunya «también se apuesta por el derecho a decidir y por la normalidad que supone que un pueblo que se siente nación pueda debatir y optar con madurez qué camino escoge para encarar el futuro».
El Govern, por boca de su portavoz, Francesc Homs, exigió al PP la misma voluntad de diálogo demostrada por los conservadores británicos y reclamó al Ejecutivo central que deje de «mirarse el ombligo». Salvando las diferencias, ERC también abrazó la causa escocesa e incluso el candidato socialista, Pere Navarro, se sumó a las voces que reivindican esta vía, basada en la negociación y la legalidad.
Si la agenda lo permite, Mas viajará a alguna capital europea de referencia (léase Berlín, Bruselas o Londres) para explicar su apuesta soberanista. Un proyecto sobre el que ayer, una vez más, el portavoz gubernamental se negó a dar detalles. Bajo el argumento de no desvelar la táctica ni los ritmos del proceso, Homs no precisó si, llegado el caso, una oferta del Ejecutivo central basada en un nuevo modelo territorial haría replantear la opción del referendo. «No querrá que le demos la precisión concreta urbi et orbi de todo el recorrido con exactitud milimétrica cuando no sabemos todavía el resultado del 25 de noviembre», se limitó a responder.
PENDIENTES DE LA MAYORÍA/Precisamente, el resultado electoral, esto es, si CiU logra la mayoría absoluta, es uno de los factores que condicionará la estrategia de Mas pero también la de Rajoy. De momento, el Ejecutivo popular sigue instalado en el no por respuesta e inmune a cualquier tipo de paralelismo con la fórmula escocesa. El ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, ayer de campaña en Euskadi, intentó zanjar las comparaciones recordando que una consulta como la autorizada por el Gobierno británico «no es posible en el ordenamiento constitucional español», informa Aitor Ubarretxena.
Pero, por más que el PP se niegue ahora a negociar, fuentes gubernamentales reconocen que sus movimientos estarán muy condicionados por la estrategia que Mas siga tras el 25-N. A priori, es muy raro que un presidente remodele un Gobierno cuando apenas ha pasado un año de su estreno. Sin embargo, la crisis económica e institucional de España es de tal calado que eso es lo que puede acabar ocurriendo con el Ejecutivo central. Rajoy ha encargado a Javier Arenas, exministro de Administraciones Públicas y último candidato del PP a la Junta de Andalucía, que trate de reconducir las relaciones con Catalunya. Señalan fuentes gubernamentales que no hay otro dirigente más capacitado que él dentro del círculo de confianza de Rajoy. Pero Arenas tiene un inconveniente. No es ministro, algo que dificulta sus conversaciones con Mas. De ahí que, según fuentes de la Moncloa, el resultado del 25-S quizá acabe precipitando una crisis de Gobierno, algo que en principio no se barajaba para antes de mediados del 2013. Si el conflicto con Mas se sigue enconando, y este obtiene la mayoría absoluta, no se descarta que Rajoy cambie la composición de su Gabinete este mismo año.
Aquí entraría Arenas, quizá, según apuntan las mismas fuentes, de nuevo como ministro de Administraciones Públicas, un área que ahora mismo se encuentra subsumida dentro del departamento de Hacienda, dirigido por Cristóbal Montoro. Pero el presidente es consciente de que si abre este melón no puede quedarse solo en Arenas. Sería demasiado evidente que la crisis de Gobierno se ha producido a rebufo del conflicto catalán. Por eso se discute si ampliar el foco. Si al final acaba siendo así, dos de los ministros con más posibilidades de despedirse de su cartera serían quienes más problemas tienen para medir sus palabras: el propio Montoro y el titular de Educación, José Ignacio Wert.
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