Todavía no sabe qué día será, pero ayer un representante del Ministerio del Interior le aconsejó que tuviera una bolsa preparada porque en cualquier momento le telefonearán para decirle que al día siguiente podrá sentarse frente a Rafael Caride Simón, el jefe del comando Barcelona de ETA que el 19 de junio de 1987 asesinó en Hipercor a 21 personas. Robert Manrique será una de las dos víctimas de la banda terrorista a las que Interior permitirá mantener en las próximas semanas sendas citas en prisión con disidentes de ETA.
Robert Manrique espera la llamada de Interior para reunirse con el etarra que preparó la matanza de Hipercor. JOAN CORTADELLAS
Robert Manrique espera la llamada de Interior para reunirse con el etarra que preparó la matanza de Hipercor. JOAN CORTADELLAS
Información publicada en la página 24 de la sección de Política de la edición impresa del día 07 de junio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
El encuentro de Manrique con Caride, igual que el de la otra víctima (cuya identidad no ha trascendido), se enmarca en el programa de reinserción de terroristas y presos por crimen organizado que impulsa el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz. Un programa que recupera los encuentros entre víctimas y presos disidentes de ETA, pero que, a diferencia de los que se celebraron en la época de Mercedes Gallizo al frente de Instituciones Penitenciarias, no contarán con la oficina de víctimas del Gobierno vasco.
Interior pretende desmarcar sus encuentros de los 11 que se han celebrado hasta ahora. Para empezar, advierte de que los suyos tienen carácter «reparador», y no «restaurador». Y se prescinde de la figura del mediador, por lo menos en el encuentro de Manrique, al que le preguntaron si lo iba a necesitar. «Después de 24 años, ya no necesito nada, ni pretendo restaurar nada con Caride. Solo voy con una larga lista de preguntas. No pretendo ni espero nada más», relató ayer Manrique a EL PERIÓDICO, tras asegurar que no está nada nervioso.
PREPARACIÓN / El plan de reinserción plantea algunas dudas. Se desconoce si siempre se va a prescindir del mediador. En nueve de los 11 encuentros anteriores, una mediadora decidía cuándo era el momento de celebrar el careo después de hacer una labor preparatoria con la víctima y el terrorista. No se entendería que todas las víctimas acudieran sin preparación previa a estas citas.
Interior pretende que todos los encuentros sean a petición de las víctimas. Pero no se ha aclarado qué pasará con los presos cuyas víctimas no quieran participar en las entrevistas. También está por decidir si los careos reportarán beneficios penitenciarios. El Gobierno no lo descarta, pero es consciente de que premiar al preso puede restar sinceridad al encuentro. Y el etarra, ¿puede negarse? Hasta ahora en las entrevistas solo han participado presos acogidos a la vía Nanclares, que habían hecho el proceso de romper con ETA. ¿Qué pasa si una víctima pide ver a un ortodoxo? ¿Qué ocurre si se niega? ¿Se penalizará su negativa?
A falta de respuestas, la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) dijo ayer que los encuentros son «vergonzosos y una locura».