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La reacción de los tradicionales opinadores más opuestos a la independencia de Catalunya no se ha hecho esperar tras la respuesta ciudadana masiva en la Diada. Si ya en las páginas de EL PERIÓDICO DE CATALUNYA y antes de la manifestación, el escritor Félix de Azúa describía la situación de Catalunya como de un "gregarismo quejica que suele hundir a esta región", y consideraba las propuestas independentistas un aliado de las posiciones de las clases acomodadas catalanas, las opiniones registradas en los medios de comunicación este miércoles, tras el éxito del independentismo catalán, muestran la complejidad de consensuar posturas en el marco de un conflicto menos económico y más sociocultural de lo que se quiere transmitir.
Federico Jiménez Losantos recurre en la columna de la segunda página de 'El Mundo' a la mayoría silenciosa, aquellos que no salieron a la calle, para minusvalorar a aquellos que sí lo hicieron: "La mayoría de los catalanes no es separatista. ¿Pero cuándo le ha importado la democracia al separatismo?". Y sigue con referencias hirientes: "Lenin, Musolini y Hitler crearon una opinión opinada y la impusieron, justamente porque no les importaba la libertad".
Santiago González opina en la edición digital de 'El Mundo' también que hay que tener en cuenta a los catalanes que no salieron a la calle y que configuran la mayoría silenciosa. Reclama además el derecho de los territorios dentro del territorio de esta forma: "Una minoría o territorio incluídos en en el nuevo Estado, que no quieran independizarse tendrán derecho al mismo proceso para permanecer dentro del estado anterior. En el caso de Catalunya podrían ser Barcelona y su área metropolitana. En el de Euskadi, Alava". "Siguen aspirando a la secesión. Y mientras tanto, venga a pedir dinero y más dinero. Algo habrá que hacer."
También en 'El Mundo', el periodista Casimiro García-Abadillo, recurre al insulto para encabezar su columna de opinión: "No seáis imbéciles". En su opinión, la manifestación de la Diada es un instrumento del presidente de la Generalitat, Artur Mas, para afrontar la negociación del pacto fiscal. "Hacerles creer que Catalunya se puede separar de España y seguir en la UE: eso sí que es tratarles como imbéciles".
El editorial en papel de 'La Razón' ('Diada para encubrir la realidad') elude comentar el número de personas que participaron en la manifestación y las razones sociales que han llevado a un apoyo masivo de una manifestación independentista. Prefiere entender que "la radicalización nacionalista es una huida ante la crítica situación económica" con la previsión de un alza de la prima de riesgo como consecuencia de la movilización ciudadana vivida en Barcelona.
Miguel Durán, en 'La Gaceta', recurre a dibujar un futuro pavoroso con su artículo "Desde Catalunya con dolor". "Confieso que me da mucho miedo lo que está pasando (...) Se empieza con gritos y se acaba, a veces, con sangre. Jorge Bustos, también de 'La Gaceta' recurre a un colofón de su artículo con el recurso del temor: "El problema es que las operaciones de cambio de sexo, como el conflicto de los Balcanes, comportan una carnicería muy costosa que ya va qudando fuera de la cartera de servicios de la Seguridad Social. Lo mejor es que se independicen por lo privado". En páginas interiores de 'La Gaceta', la segunda de política, la información sobre la manifestación queda minimizada. Sin cifras de participantes, el asunto queda como una manifestación más que "colapsó las calles de la ciudad en un clímax de plena exaltación separatista".
Jesús Fonseca, en 'La Razón', se muestra como adalid de la oposición contra las mareas independentistas. "Los nacionalistas --el origen de todas las catástrofes que ha sufrido Europa-- tensan la cuerda. Estamos acostumbrados. No pasarán".