Durante mucho tiempo, los responsables del Partido Popular censuraron la idea de que los presos de ETA disidentes acogidos a la denominada 'vía Nanclares' narraran de puertas afuera de la cárcel su proceso individual de rechazo al terrorismo, de ruptura con la organización y de arrepentimiento de sus crímenes, porque temían que fueran tratados como héroes.
Pero las cosas se ven muy distintas desde las entrañas del Gobierno. Tras aterrizar en el Ministerio del Interior y prohibir la participación de dos exdirigentes de ETA en foros públicos, el equipo de Jorge Fernández Díaz quiere dar aire a los disidentes, permitirles salir, y rentabilizar un discurso que hasta ahora se ha oído a cuentagotas pero que para muchos es fundamental desde el punto de vista ético y moral en la reconstrucción de la convivencia en un País Vasco sin ETA.
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