De El Pont de Montanyana a Alfarràs, pasando por El Campell. La N-230 se adentra 60 kilómetros en tierras aragonesas y se vuelve catalana en Alfarràs. A este lado, el debate sobre los efectos de la independencia cambia radicalmente. Tiene guasa que en un pueblo fronterizo de 3.000 habitantes como Alfarràs a alguien se le ocurriera bautizar el hostal como Complex Florida. Con sus habitaciones austeras y un comedor bañado por una luz tenue más propia de un pub, esto de complejo no tiene nada y aún se parece menos al luminoso estado norteamericano. Esto es Lleida, El Segrià para ser más exactos, tocando a Aragón para ser precisos. Pero aquí las apariencias engañan y tras la fachada más humilde se ocultan manjares deliciosos y gentes abiertas.
La misma N-230 que, partiendo de Vielha, reseguía el límite administrativo entre Catalunya y Aragón hasta El Pont de Montanya se desvía en este punto para adentrarse en tierras de La Ribagorza, cuna del mítico reino de Aragón. Durante 60 kilómetros la carretera atraviesa tierras aragonesas de habla catalana y no volverá a acercarse a Catalunya hasta Alfarràs.
Una pintada aislada recuerda la polémica político-lingüística con el castellano, pero se ven tan pocas que, o bien la polémica es más de despachos que de la calle o bien las brigadas de limpieza son muy eficientes. Del conflicto ¿si lo hubo¿ con los caudillos árabes que dominaron esta tierra durante siglos no queda rastro, lo que confirma que el tiempo lo cura todo.