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Análisis

Identidades complementarias

Martes, 29 de noviembre del 2011 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
JOSEP BORRELL

En 1998, camino de Sevilla para cerrar mi campana de las primarias socialistas, pasé por el Pati dels Tarongers a celebrar Sant Jordi. Allí, Jordi Pujol me dijo: «Pierde usted el tiempo, Borrell. Nunca un catalán será presidente del Gobierno de España…»

Carme Chacón, la noche del 20-N. EFE / ANDREU DALMAU

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Información publicada en la página 3 de la sección de Tema del día de la edición impresa del día 29 de noviembre de 2011 VER ARCHIVO (.PDF)

No llegué a serlo. Pero los militantes socialistas de toda España me eligieron su candidato por una más que notable mayoría y a pesar de las dificultades que no es el caso recordar. Tampoco le sirvió de mucho a Almunia calificarme de «jacobino irredento». Bastó recordar en Sevilla esos bellos versos donde Machado reconoce que en su vena fluye sangre jacobina para deshacer la insidiosa descalificación de no ser bastante español en Madrid ni bastante catalán en Barcelona.

Este recuerdo viene a cuento de las recientes opiniones sobre la candidatura de Carme Chacón a la secretaría general del PSOE o al Gobierno de España. Carme ha dicho varias veces que no ve por qué una mujer catalana debería ser excluida de esas responsabilidades. Cada vez que ha verbalizado lo que debería ser una evidencia se ha pensado que hablaba pro domo sua, pero el asunto va más lejos de su caso particular.

Nadie se atrevería a formular en público objeciones basadas en su condición femenina. Después de los ejemplos de Chile, Brasil, Liberia, el Reino Unido, la India, Israel, etcétera… es difícil pensar que la sociedad española no está preparada para que la gobierne una mujer. El problema no es el género, pero seguro que en la derecha española hay quien piensa que ser catalán implica no ser suficientemente español, y por lo tanto no poder presidir el Gobierno de la nación española. Quizá por eso hay quien nos vuelve a deleitar pidiendo que el candidato sea capaz de gritar ¡viva España! sin complejos territoriales. En el fondo estoy de acuerdo, no debería ser elegido para gobernar España, y ni siquiera debería pretenderlo, quien no se sienta español tanto como se puede sentir a la vez catalán, vasco o cualquier otra cosa.

Pero habría que saber cuál es la España a la que se grita ¡viva! Porque a nadie se le escapa el significado histórico de ese grito. Ha habido varias Españas y todavía hay varias ideas de España. Y no hace falta sentirse a gusto rodeado de folclóricas y obispos para querer que viva una realidad política que engloba otras distintas realidades que para algunos, como para Carme y para mí, son perfectamente complementarias y no excluyentes.

También existe prevención a la candidatura de un catalán/a a dirigir el PSOE, que es cosa diferente de la presidencia del Gobierno, dada su militancia en un partido diferente como es el PSC. Es una objeción que se inscribe en otro registro y que merece ser analizada en función de la clase de vínculo federal que una a ambos partidos. Y que yo desearía que no se debilitase para bien de ambos y de su capacidad conjunta de hacer frente a la grave situación por la que atraviesa la izquierda catalana, española y europea. Sintiendo esas tres identidades, desearía que su acción se articulase eficazmente en esos tres niveles políticos.

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