El Periódico

LA LACRA DE LA CORRUPCIÓN

Mariano Rajoy y Valencia, amor hecho cenizas

El feudo valenciano ha pasado de dar al líder del PP las grandes alegrías electorales a los mayores desengaños por la corrupción

Mariano Rajoy y Valencia, amor hecho cenizas

MIGUEL LORENZO

Mariano Rajoy, entre Rita Barberá, Francisco Camps y Alfonso Rus, en un acto del PP valenciano, en mayo del 2008.

SERGI TARÍN / VALENCIA

Jueves, 17 de marzo del 2016 - 19:24 CET

Fue talismán, granero de votos y ahora memorial de agravios. La relación entre Mariano Rajoy y Valencia es la de un idilio roto, un polvo enamorado hecho cenizas. Durante años, el presidente en funciones fió buena parte de su poder interno a la locomotora valenciana, fabricada con ingeniería de mayoría absoluta, pero de combustible altamente adulterado. Blanqueos, financiación ilegal, cajas B, fraude electoral… No existe un rincón en el PP valenciano donde un fiscal no halle la necesidad de aplicar disolvente para manchas de Código Penal. Dijo Rajoy este miércoles que de todo eso él no tenía "ni idea".

Quizá Rajoy supo o no supo. O prefirió mirar hacia el lado amable de la postal valenciana. En junio del 2008, el suelo le temblaba en los pies tras su segunda derrota electoral. En el partido se respiraba el aire fratricida de la conspiración y, a sus espaldas, Esperanza Aguirre y José María Aznar afilaban cuchillos. Entre sus principales coaligados, Javier Arenas y un emergente Francisco Camps, de mayoría incontestable en Valencia. Y fue este último quien preparó el congreso que le reafirmó como líder. Fueron tres días claustrofóbicos de junio con final apoteósico de fuegos artificiales a las puertas de Feria Valencia. Aquel congreso costó 580.000 euros que nadie pagó. Ahora la entidad ferial reclama la deuda.

Pero el flirteo había comenzado un poco antes. En junio del 2007, Rajoy actuó en una renovada plaza de toros de Xàtiva, feudo de Alfonso Rus, alcalde desde 1995 y uno de sus fichajes estrella en los albores de los años 90. “Estas son mis credenciales: la gestión del Ayuntamiento de Valencia [Rita Barberá], la comunidad [Francisco Camps], Xàtiva [Alfonso Rus], Alicante [Luis Díaz Alperi] y Castellón [Carlos Fabra]”, presumió Rajoy y, acto seguido, se lanzó a los brazos de su anfitrión: “Yo te quiero Alfonso, coño, te quiero”. E insistió: “Quiero que sepas que tus éxitos los considero mis éxitos, aparte de los del PP, los de Mariano Rajoy, que es uno de Pontevedra, también mis éxitos”.

ELOGIOS POR DOQUIER

No fue el único barón provincial que encandiló sus pupilas. El entonces presidente de la Diputación de Castellón, Carlos Fabra, fue destinatario, en julio de 2008, de sus agasajos: “Es un ciudadano y un político ejemplar para el PP y también para los ciudadanos de Castellón”. Aquel dirigente modelo reunía ya varias imputaciones, entre ellas la de prevaricación, soborno, tráfico de influencias y fraude fiscal, delito este último por el que cumple actualmente una condena de prisión de dos años.

El presidente redujo sus visitas a la comunidad cuando empezaron los escándalos

No obstante, uno de los mayores dolores en el pecho se lo provocó la imputación y caída de su gran aliado Francisco Camps. En febrero del 2009 saltó a los medios su vinculación con la 'trama Gürtel', en concreto los regalos en forma de trajes a cambio de, presuntamente, interceder en la concesión de jugosos contratos públicos para la trama. El 9 de junio del 2009, en un mitin en la plaza de toros de Valencia durante la campaña de las europeas, Rajoy marcó posición y coordenadas: “Siempre estaré detrás de ti, o delante, o al lado, me es igual. Paco [Camps], estamos contigo, como siempre, y la historia será una historia feliz”. Un apoyo que fue disminuyendo hasta la dimisión, en julio del 2011, de un Camps a las puertas del juicio oral y que mereció de Rajoy un equívoco y lacónico: “[Camps] tiene futuro después de lo que ha pasado, ya sea en la vida privada, pública o donde quiera tenerlo”.

TIERRA DE POR MEDIO

Tras el gran desengaño, Rajoy puso tierra de por medio y durante dos años no pisó Valencia. El reencuentro fue frío, en la Peñíscola del Papa Luna, en una convención regional de sonados olvidos y tibia memoria: “Recuerdo el congreso del 2008 y, por todo eso, quiero daros las gracias”. Eso y un nuevo año y medio de ausencia, hasta la convención familiar de Alicante de noviembre de 2014, aquella en la que Sonia Castedo, alcaldesa de la ciudad (hoy ya dimitida) e imputada en el 'caso Brugal', simuló una gripe para no manchar la instantánea del evento.

No obstante, la mayor ruptura entre sístole y diástole se la ha provocado una dama de rojo. El derrumbe de Rita Barberá, amiga y referente, ha sumido a Rajoy en un inconsistente letargo emocional. A ella ha dirigido siempre sus más sinceros piropos. “Rita es mi amiga y eso tiene consecuencias”, expresó el 21 de marzo del 2015 tras convencerla para que repitiera como candidata a las locales. “No es solo la mejor alcaldesa de la historia de Valencia, sino una de las grandes alcaldesas que ha tenido y tiene España”. Una idea en la que insistió en el multitudinario acto del 22 de mayo: “Rita, eres la mejor, eres la alcaldesa que merece Valencia”, proclamó ante una Barberá que ese mismo día conoció que era investigada por la fiscalía en referencia a los 278.000 euros asignados, de forma no clara, a las cuentas de Protocolo.

Una hilacha de supuestas irregularidades, preludio del desmadejado ovillo del blanqueo de capitales en el marco del 'caso Taula' y que ha hecho añicos la longeva carrera política de la exalcaldesa, a quien este martes se le comunicó un expediente informativo dentro del PP. “No se actuó antes porque no tenía ni idea de lo que pasaba en Valencia”, explicó un Rajoy un tanto desolado y con esa voz meditabunda de los incautos en amores.

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