EN DIRECTO Sigue el pleno del Parlament de Catalunya
Toni Aira
Ayer Mas se plantó, dijo basta, ante el inquilino de la Moncloa. Poca broma. Es en las encrucijadas históricas, en los momentos críticos, cuando los liderazgos se ponen a prueba. Unos, como el de Rajoy, simplemente se revelan inexistentes. Otros, como es el caso de Mas, se reconocen a ojos de una mayoría, no necesariamente votante tradicional de su partido. Y está pasando.
Información publicada en la página 4 de la sección de Tema del día de la edición impresa del día 21 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Ayer, como líder político, Mas dio otro paso adelante. El que hace que hoy en Catalunya seguramente haya muchos masistas que desborden las fronteras del votante tradicional de CiU. Esta es una condición básica para todo líder que se precie. Que se deje notar y que, en consecuencia, consiga para el proyecto que defiende más adhesiones que las ya abonadas tradicionalmente a unas siglas.
Otro paso adelante es el que Mas impulsa en CiU. Desde ayer todo ahí se ha acelerado (más aún). Convergència ya lleva en sus estatutos la reclamación del Estado propio para Catalunya, pero en las últimas semanas el president lo ha ido verbalizando con intensidad en su condición de líder institucional. Ahora, en las próximas semanas, le queda superar el reto de la Unió de Duran.
Como en los videojuegos, para pasar pantalla antes se debe completar la misión de la previa. La que le tocaba a CiU después de las últimas elecciones era la del pacto fiscal, su propuesta estrella en aquellos comicios. Un proyecto reforzado y aprobado en el Parlament, cosa que lo legitimaba más allá de una reclamación estrictamente partidista. Ahora, una vez constatado que en Madrid no hay voluntad de atender ninguna reclamación que venga desde Catalunya y que suponga un quebrantar el statu quo surgido del café para todos, Mas tendrá que pasar a la siguiente fase. Y lo hará saltándose unas cuantas páginas del guion que él y su equipo habían escrito antes de empezar la legislatura. Nadie le podrá decir (de forma creíble) que su liderazgo, ayer reforzado, respira mesianismo. En su comparecencia en la sede de la Generalitat en Madrid volvió a demostrar por qué. Por su voluntad de explicarse, de ser didáctico, claro, educado, correcto. Por su decisión a la hora de defender unas convicciones sin ambages. Por su romper con la táctica de la puta i la Ramoneta de la que Pujol ahora abjura pero que mientras gobernaba casi siempre utilizó. Todo ello lo lleva a consolidarse como un líder no mesiánico sino creíble. Intentarán tildarlo de loco peligroso abocado al precipicio. Difícil misión, más en Catalunya. Carod e Ibarretxe, dos políticos muy distintos, se percibieron en su día como elementos peligrosos. Se convirtieron en blanco del españolismo y fueron caricaturizados poco menos que como unos iluminados. No lo eran. Mas tampoco. Pero una de las muchas diferencias que los separa es que con Mas esa caricatura es difícil que cuaje. Ayer tuvimos una muestra más del porqué.