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Frío y sonrisas. Estas son las palabras que podrían definir la primera conferencia de presidentes de la era Rajoy. Frío hacía en Madrid, cuando, a la hora del alba, uno a uno los presidentes autonómicos llegaron al Senado. La gota fría fue el tema de conversación entre el Rey, el Príncipe y los dirigentes de los territorios afectados por el temporal del pasado fin de semana. Frío fue también el menú que degustaron los asistentes. Y fríos, y bastante tensos, fueron sin duda algunos de los gestos y saludos que intercambió Artur Mas con los representantes del Gobierno central, la Casa del Rey y sus homólogos del PP.
Con la Constitución 8 José Antonio Monago quiso posar con un voluminoso ejemplar de la Carta Magna. DAVID CASTRO
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La jornada acabó, sin embargo, con calor, sonrisas y caras de satisfacción, especialmente entre los miembros del equipo de Mariano Rajoy, que no disimulaban su regocijo con el acuerdo alcanzado. Hasta hoy no se sabrá, sin embargo, cuál es la versión del president ni si sus gestos se corresponden con sus impresiones sobre la cita. De forma insólita, el jefe del Ejecutivo catalán y sus estrechos colaboradores rehusaron hacer declaraciones al término de la reunión. «El que ríe último, ríe mejor», ironizó a modo de excusa su portavoz.
Mas fue el último presidente en llegar al Senado y el primero en volver a la Cámara alta después de la foto de familia, que se efectuó a la entrada de la institución. El jefe del Ejecutivo catalán no se despidió
-al menos ante las cámaras, que escrutaban todos sus movimientos- de Juan Carlos, cosa que sí hicieron otros presidentes. No obstante, el jefe del Ejecutivo catalán había dedicado, previamente, al Monarca una de las pocas sonrisas que regaló en Madrid. Fue durante el saludo del Rey a los asistentes.
Menos sintonía demostró el máximo representante del Govern con la vicepresidenta, Soraya Saénz de Santamaría, que se sentó a su derecha (siguiendo un protocolo que data de 1983) en el Salón de los Pasos Perdidos donde se celebró, a puerta cerrada, la conferencia. Al comienzo de la reunión, las cámaras captaron la imagen del president hojeando, con semblante serio, el documento que repartió la Moncloa, sin dirigirse a Saénz de Santamaría. A continuación, ambos intercambiaron unas palabras, pero sin mirarse a la cara. Finalmente, el jefe del Ejecutivo catalán le señaló a Sáenz de Santamaría algo que a todos luces no compartía del documento y ella le replicó con el semblante serio y rígido que emplea en las ruedas de prensa cuando pretende acallar alguna polémica. A falta de más imágenes de la cita, este intercambio de pareceres se convirtió en uno de los momentos más comentados.
Solomillo y fuagrás
El Monarca, escaldado por las esperas interminables de las cumbres anteriores, no quiso quedarse ayer a comer y abandonó el Senado tras el rápido desayuno y la foto de familia. El resto de los asistentes sí comieron, pero sin levantarse de la silla. La reunión tan solo se interrumpió una media hora. Después todos volvieron religiosamente a sus asientos, donde degustaron tapas frías de solomillo, trufas o fuagrás y algún que otro quiche. Rajoy tenía prisa por llegar a su cita a las seis de la tarde con el presidente italiano, Giorgio Napolitano, y no permitió una comida interminable. Menos suerte corrieron la vicepresidenta y los números dos de las comunidades que se quedaron sin comer para perfilar el acuerdo que luego exhibió Rajoy tras ocho horas de encuentro.
Hasta el último momento no conoció el pacto porque, a diferencia de conferencias anteriores donde las filtraciones fueron constantes, la Moncloa no permitió a los periodistas (más de 600 acreditados) hacer guardia a las afueras del salón.
Entre las anécdotas del día, destaca la que protagonizó el presidente extremeño, José Antonio Monago, quien ofreció una rueda de prensa en presencia de un ejemplar de la Constitución, «para ponerla en valor», según explicó.