Siempre que un gobierno empieza a sentir la desafección social, su reacción inmediata suele ser achacar el desgaste a un fallo en la comunicación. «No transmitimos bien», suelen decir los gobernantes de todos los colores. No es que las medidas que adoptan no sean las adecuadas o simplemente no sean del agrado ciudadano, no, es que esas decisiones no se explican bien y, claro, la población no las entiende. Así que hace ya unas semanas que el Gobierno de Mariano Rajoy y la dirección del PP están enfrascados en esa discusión, que casi nunca lleva a ninguna parte, de cómo mejorar la transmisión de sus actos a la ciudadanía, de cómo dirigirse a la sociedad española y hacerle comprender que a ellos tampoco les gusta lo que están haciendo, que lo hacen por el interés general, que no queda más remedio que recortar y recortar porque los mercados, si no, no dan más crédito, que la culpa es de la herencia que les dejó Zapatero...
Información publicada en la página 17 de la sección de Política de la edición impresa del día 01 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Así que, mientras el propio presidente parece que ya lo explicó todo en el debate de investidura en diciembre y no tiene por qué salir a decir nada más, según la vicepresidenta, Soraya Saénz de Santamaría, la secretaria general del partido, María Dolores de Cospedal, se va reuniendo con los líderes territoriales para que propaguen a los cuatro vientos las bondades del marianismo, las virtudes de las drásticas políticas gubernamentales. Y eso que bastante tienen ellos con explicar en sus comunidades por qué no les cuadran las cuentas y cómo es que llevando 17 años en el poder de algunas de ellas la culpa de sus socavones económicos es también de ZP.
Es lo que tiene ganar en los tiempos del cólera. Que el aire es sofocante y no se quita la sensación de mareo. Que se lo pregunten sino a Papandreu, vencedor también por mayoría absoluta y que nunca logró la comprensión del intervenido pueblo griego para los recortes que les propinó por orden de la UE. Aquí está ocurriendo algo parecido, que no es que los ciudadanos sean duros de mollera, lo que pasa es que se resisten a entender que las consecuencias de la crisis recaigan siempre sobre las espaldas de los mismos, los sectores menos favorecidos y las clases medias, que se están empobreciendo a la velocidad de la luz.
No parece, por tanto, un problema de comunicación. Muy al contrario, da la sensación de que la irritación social se debe a que al Gobierno se le entiende todo. Aunque se empeñe en envolver sus decisiones con retórica hueca, en llamar reformas a los recortes, reestructuración impositiva a las subidas de impuestos o no renovación de contratos a los despidos, por poner ejemplos. Vamos, que se está viendo que la dureza de las medidas provoca sufrimiento a muchos ciudadanos y que la situación, lejos de mejorar, empeora.