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"No es necesario perdonar para dialogar o convivir", ha dicho en Bilbao Giorgio Bazzega al relatar su experiencia como víctima de las Brigadas Rojas que, cuando el tenía 30 meses de vida, asesinaron a su padre, que era policía en Milán. En su relato, ha compartido mesa y reflexiones con la exmiembro de las Brigadas Rojas, Adriana Faranda, condenada por participar en el secuestro y asesinato de Aldo Moro quien ha leído una carta de la hija del que fuera máximo dirigente de la democracia cristiana italiana. Moderaba las intervenciones, el periodista y víctima de ETA, Gorka Landaburu en la sexta jornada del Congreso sobre Memoria y Convivencia que mañana clausurará el ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, y que hoy se ha abierto con un mensaje de solidaridad a los afectados por el atentado de Italia.
Gorka Landaburu, periodista y víctima de un paquete bomba enviado por ETA; Giorgio Bazzega, hijo de un policía asesinado por las Brigadas Rojas, y Adriana Faranda, exmiembro de las Brigadas Rojas. Alfredo Aldai | EFE
En una de las sesiones más concurridas del Congreso, el recorrido personal realizado por quienes hace 30 años fueron víctima y verdugo se ha seguido con una especial atención durante dos horas. Bazzega ha contado su primera reacción de odio y sus deseos de venganza al conocer en la adolescencia cómo le quitaron a su padre; ha relatado su segunda opción autodestructiva, que le llevó incluso a la droga, y la oportunidad, por fin, de convertir su rabia en algo positivo que supuso conocer a un hombre que vio morir a su mujer en un atentado. "Yo quería empezar a estar bien. Salir de ese mar de dolor en el que estaba como un león herido. Milani había logrado transformar su rabia; él, y también mi madre, me ayudaron a darme cuenta que no estaba siguiendo la huella de mi padre, que era un enamorado de la vida".
Faranda, que llegó a las Brigadas Rojas desde la simpatía con movimientos de ultraizquierda, comenzó a cuestionar la violencia durante el secuestro de Aldo Moro. "Me resultaba inaceptable pensar en quitar la vida a una persona que no se podía defender. Empecé a dejar de pensar en el presidente de la Democracia Cristiana y solo veía al ser humano. Ahí empecé un trayecto muy largo".
Durante 15 años en la cárcel fue avanzado en lo que explica como su "disociación" de la violencia y su convencimiento de que "a ningún ser humano le está permitido quitar la vida de otro ser humano". Además, Faranda intentó un aproximación a víctimas de las Brigadas Rojas porque estaba convencida de que es necesario que quienes causaron un daño "se pongan a disposición de sus víctimas para cualquier cosa. El dolor no se puede arreglar, pero debes estar a disposición para lo que quieran: insultarte, abofetearte, hablarte. Cada encuentro tiene algo extraordinario".
Por eso profundizó en esos encuentros y hoy llega a llamar "amiga" a Agnesse Moro, hija del líder asesinado que, a través de ella, ha enviado una carta al Congreso de Bilbao en la que, entre otras cosas, afirma que "la memoria nos sirve para cambiar el presente". Y Faranda añade que, incluso así, se puede "cambiar el mundo".
Landaburu ha lamentado que el ministerio de Interior haya vetado la presencia de la exetarra Carmen Guisasola. "Ha sido un error", ha dicho mientras se declaraba convencido de que ella u otros de los que completan el camino de abandono de la violencia lo podrán contar más adelante.