En mayo del 2010, los principales diarios de todo el mundo daban cuenta de que la Unión Demócrata Cristiana de la cancillera, Angela Merkel, había sufrido un batacazo electoral en Renania del Norte-Westfalia y, con ello, había perdido la mayoría en el Bundesrat, la Cámara alta alemana, conocida también como Cámara de los estados. Salvando todas las diferencias, que son muchas, vendría a ser el Senado español. Aquella atención mediática que se prestó a los comicios de una región evidenciaba que el Bundesrat no es un órgano de representación meramente simbólico, sino que goza de una capacidad de decisión que ya querrían importar a España muchos secto-
Información publicada en la página 21 de la sección de Política de la edición impresa del día 01 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
res críticos con el centralismo.
La organización federal de Alemania, diseñada tras la segunda guerra mundial, es para la mayoría de expertos el trampolín que permitió impulsar a un país destrozado, y la conjunción del Bundestag (Cámara baja) y el Bundesrat, la fórmula que facilitó la creación de un frente común para salir adelante sin que los länder tuvieran que renunciar a su poder. El objetivo de esa división es «trabajar dentro de un sistema de mutuo control y equilibrio» y «poner en práctica la cooperación mutua», reza la Cámara alta en su web.
Elección directa, no popular
El Bundesrat se vanagloria de que «los gobiernos federales [16 en la actualidad] participan directamente en las decisiones del Estado nacional». Es más, entre los 69 miembros de la Cámara, nombrados directamente por los ejecutivos regionales (no por voto popular), están habitualmente los primeros ministros de cada zona.
Como si en el Senado español se sentaran los presidentes autonómicos.
De todos sus cometidos, el Bundesrat destaca su capacidad para «defender los intereses de los länder ante la federación e indirectamente ante la Unión Europea», a lo que se añade su función de controlar que «la experiencia política y administrativa de los estados se incorpore en la legislación de la
federación y en asuntos de la UE». La Cámara alta, por ejemplo, puede presentar sus propias iniciativas legislativas ante la Cámara baja. Además, tiene que dar el visto bueno a entre el 30% y el 40% de las leyes aprobadas por el Bundestag, aquellas que conciernen a áreas políticas en las que los gobiernos regionales tienen competencias o en las que es necesaria la participación de las administraciones federales para aplicarlas. Las normas sobre impuestos y tasas son de las que pasan por el cedazo de la Cámara de los estados. Esta puede optar por dilatar la aprobación de una ley al forzar que vuelva al Bundestag e incluso puede decidir un veto, que a veces deriva en la convocatoria de un comité de mediación entre cámaras. Si ni así hay acuerdo, la ley queda en agua de borrajas.
Influencia recortada
El Bundesrat acumuló tal poder que en los años 90 y en los inicios del siglo XXI pasaron por él cerca del 60% de las leyes procedentes de la Cámara baja. Entonces, socialdemócratas y democristianos decidieron que había que acotar esa influencia e impulsaron una reforma constitucional que fue aprobada el 30 de junio del 2006.
El porcentaje de leyes que deben pasar por la Cámara alta quedó reducido, pero los länder obtuvieron a cambio competencias en el régimen y sueldo de sus funcionarios; también sobre la enseñanza preuniversitaria, en cuestiones medioambientales y en la regulación de horarios comerciales.