El domingo pasado, el director de la Oficina Antifrau de Catalunya (OAC), Daniel de Alfonso, realizó unas inquietantes afirmaciones en EL PERIÓDICO. Dijo ser víctima de un ataque, habló de nuevas pruebas sobre la financiación ilegal de CDC, y de la investigación en curso sobre si el presidente de La Caixa, Isidre Fainé, había cobrado una jubilación conforme a derecho o no. Llamó la atención que afirmara disponer de «información» (¿comprometedora?) para hacer frente a los diversos intentos que persiguen el cierre de dicha oficina.
Información publicada en la página 21 de la sección de Política de la edición impresa del día 15 de junio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Si este fuera un país normal, el asunto habría ocupado la atención informativa y los partidos hubieran exigido la comparencia de De Alfonso en el Parlament, teniendo en cuenta que su cargo depende de la Cámara y no del Govern. Porque una de dos: O De Alfonso ha enloquecido, y alguien tendría que pedir su dimisión, o es un loco muy cuerdo, y habría que urgirle a que explicara todo lo que dice tener. Sin embargo, nadie ha dicho nada.
Si este fuera un país normal, los medios hubieran abierto sus ediciones de ayer destacando la modificación legal que permite relajar el control sobre las fundaciones, en un momento en que la Fundació Catdem (antigua Trias Fargas) está siendo investigada por recibir 6,5 millones de euros de empresas adjudicatarias de obra pública con los gobiernos de Jordi Pujol. Solo este diario y El País informaron con notable extensión de los entresijos de esta modificación y de la sospechosa urgencia con que ha sido tramitada en medio de una legislatura que, tras liquidar la obra legislativa de la izquierda, parece incapaz de hacer nada más.
Si este fuera un país normal, los informativos públicos, como el Telenotícies Vespre o El Matí de Catalunya Ràdio, hubieran destacado la importancia de este asunto en lugar de dar coba a las consignas gubernamentales sobre los efectos milagrosos del deseado pacto fiscal. La atención prestado al circo dialéctico entre Artur Mas y Alicia Sánchez-Camacho sobre si España ayuda poco o mucho a Catalunya, tiene como objetivo orillar el hecho de que unas horas antes CiU y PP habían votado juntos la ley que permite a los patrones de las fundaciones hacer negocios con ellas. Y es que ya lo dijo tiempo atrás Francesc Homs, alcanzado el poder, primum vivere.
Claro que si este fuera un país normal, la oposición haría bastante mejor su trabajo y sabría cómo comunicarlo, en lugar de hacer una oposición de broma. A Esquerra solo le interesa ser los más vehementes en el rollo de la independencia. Por su parte, Iniciativa tiene el mérito de ser incisiva y coherente, pero se mueve en un espacio limitado, mientras el PSC es incapaz de aprovechar ninguna ocasión para poner al Govern de CiU contra las cuerdas. En otro país, al bueno de Joaquim Nadal ya lo habrían relevado.