Centralismo es acumulación de poder en una ciudad. Federalismo es reparto territorial de ese mismo poder. Uno de los males de España es el federalismo centralista, que también podemos llamar centralismo federal. El oxímoron es idéntico sobre el papel, aunque en la práctica sea una realidad. Una de las singularidades perjudiciales de España consiste en dibujar una estructura de tipo federal (los capítulos correspondientes de la Constitución revelan inspiración germánica) y luego dedicar el grueso de las energías a reforzar las capitalidades de Madrid. Hasta donde llegan mis modestos conocimientos, no hay ningún otro país del mundo que sea a la vez federal y centralista. En los países federales, la capital administra el poder político con equidad. En España, Madrid se ha aprovechado de su poder en sentido antifederal.
Información publicada en la página 20 de la sección de Política de la edición impresa del día 05 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Francia dispone de estructuras administrativas regionales, pero no es, ni quiere, ni cree que deba ser federal. Alemania es federal y, en consecuencia, Berlín es una ciudad de segundo orden en peso económico y mediático, aunque haya recuperado la capitalidad política. México, con una constitución federal, ha sido tremendamente centralista y aún lo es mucho, aunque se esfuerza en corregirlo. Lo que cuenta es la realidad. El poder se extiende o se concentra. Las oportunidades se extienden o se concentran. No las dos cosas a la vez como ha pasado en España. A medida que las autonomías adquirían competencias, Madrid se erigía en capital mediática y altavoz único, atraía a las multinacionales, acumulaba poder bancario y económico, invertía el dinero de todos en redes radiales de comunicación, en detrimento de la orografía reticular de España, y llevaba a cabo operaciones para convertirse en gran capital cultural. Todo, como digo, a base de aprovechar el instrumento del poder político a favor de la capital.
Habiéndose dado cuenta de la inviabilidad del doble modelo, la prodigiosa inteligencia que Madrid moviliza se propone retornar al viejo centralismo hispánico, lo único que responde a su megalomanía. Unos tienen más prisa, otros lo quieren hacer por etapas. La modernidad y las oportunidades del desarrollo, unidas al hecho de que las autonomías responden a una fuerte realidad regional e histórica, aconsejarían suprimir varios ministerios y reducir el peso político de los demás, en vez de convertir de entrada a los consejeros de las autonomías en delegados territoriales de los ministros del mismo ramo.
En fin, las dinámicas son las que son. También los diablos y los fantasmas de cada cual. El retroceso del federalismo genera pocas tensiones. Quizás Andalucía se resistirá un poco. En cualquier caso, este es uno de los grandes problemas de España. No de Catalunya.