Extrañó en su momento la falta de vicepresidente económico en el actual Gobierno, una figura que, de iure o de facto, existió desde 1977: Enrique Fuentes Quintana, Fernando Abril Martorell, Juan Antonio García Díez, Miguel Boyer, Carlos Solchaga, Rodrigo Rato, Pedro Solbes y Elena Salgado. Y en pocos días, la vicepresidenta única, Soraya Saez de Santamaría, ya ha tenido que oficiar de bombero en un terreno que conoce poco. Y es que el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, diputado del PP por Sevilla, con galones y experiencia ministerial, y el ministro de Economía, Luis de Guindos, economista del Madrid-New York y secretario de Estado con Rodrigo Rato, compiten por ser el Miguel Boyer -a quien Alfonso Guerra no dejó ser vicepresidente pero sí superministro- de Mariano Rajoy.
Información publicada en la página 18 de la sección de Política de la edición impresa del día 25 de enero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Abrió el fuego Luis de Guindos en el Financial Times de Londres diciendo que la falta de liquidez era una buena oportunidad para implantar el control presupuestario previo de «las regiones». Pisaba el terreno de Montoro (que tiene la cartera de Administraciones Púlicas) y fue corregido. Luego Guindos, en plena negociación discreta con la CEOE y los sindicatos, escribió en el Wall Street Journal a favor del contrato laboral único. Soraya le rectificó el viernes.
Pero la madre del cordero es el déficit público. El compromiso era bajarlo del 6% del PIB (2011) al 4,4% en el 2012, lo que ya es difícil porque implica ajustar 16.000 millones (el Gobierno lo hizo en su primera reunión). Pero el jueves pasado Montoro dijo al Financial Times alemán que quizá el objetivo no se podría cumplir. Porque el déficit real del 2011 ha sido del 8,2% (no dijo que por desviación de las comunidades autónomas, la mayoría del PP) y se basaba además en un crecimiento del 2% cuando ahora se prevé una caída del PIB. Y Soraya también le enmendó la plana en la rueda de prensa del Consejo de Ministros, que pareció una fe de erratas.
Lo mas extraño es que Montoro siguió en sus trece el fin de semana. Un curtido político que hoy no reside en España y conoce bien Europa entiende el problema de Montoro. Solo recortar puede llegar a ser contraproducente y el mismo FMI lo reconoce. Pero esa no debe ser nunca la tarjeta de visita del ministro de un país atacado en los mercados. Porque se interpretará como una muestra de flaqueza y porque España coloca ahora bien su deuda gracias a la barra libre de liquidez del BCE. Incluso puede ayudar a los enemigos del BCE, que dirán que las ayudas a financiar la deuda sólo consiguen relajar la disciplina. Otra cosa, dice ese político, sería discutirlo a cara de perro pero con discreción. El resultado final es que ayer Rajoy (en Lisboa) y Guindos (en Bruselas) insistieron en el 4,4% desautorizando a Montoro. Y la deuda española tampoco está -pese a Draghi y el BCE- para un maquiavélico reparto de papeles.
La realidad es que Montoro -que además piensa en las elecciones andaluzas- se palpa la ropa. Ajusta 16.000 millones y El Mundo y Aznar truenan. ¿Qué pasará si ajusta 22.000 millones más y, tras subir el IRPF, hace lo mismo con el IVA y la gasolina? Quizá, al final, el 4,4% de déficit en el 2012 (con caída del PIB del 1,5% según el Banco de España) sea un imposible. Lo que ya es seguro es que la falta de vicepresidente económico es un error.