El pasado 13 de abril, los etarras Elena Bárcena Argüelles, alias Tigresa (apelativo que algunos medios informativos atribuyeron durante mucho tiempo a Idoia López Riaño), y Francisco Javier Pérez Lekue, alias Niko, recogieron en la embajada de España en La Habana los pasaportes que les permitieron, a los pocos días, salir legalmente de Cuba como ciudadanos españoles. Estos dos terroristas protagonizaron en agosto del año pasado, junto al también etarra José Ignacio Etxarte Urbieta, una rocambolesca fuga en velero que terminó encallando en la costa venezolana, desde donde fueron deportados nuevamente a Cuba.
Información publicada en la página 16 de la sección de Política de la edición impresa del día 09 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
La pareja de refugiados no ha sido la primera en salir legalmente de Cuba. A finales del 2010, José María Arcocha Azcona y María Lourdes Mendinueta Yjurria consiguieron sus pasaportes, tras una larga espera de casi un año, ante la incertidumbre que en aquel momento había en el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, ya que ETA todavía no había anunciado el fin definitivo de la lucha armada. Tigresa y Niko recibieron sus documentos pocas semanas después de solicitarlo, pero la intención del Ministerio del Interior es que ellos sean los últimos en conseguir los documentos por la simple vía de acudir a la embajada a pedirlos. El equipo de Jorge Fernández Díaz está estudiando algún mecanismo que obligue a estos etarras, con estatus de refugiados en el extranjero y sin causas pendientes con la justicia, a escenificar su ruptura con la organización terrorista ETA.
REQUISITOS / El proyecto, según ha podido saber EL PERIÓDICO, está en fase embrionaria. Los responsables del ministerio trabajan con varias opciones, entra las que estaría obligar al refugiado que solicite el pasaporte a firmar algún tipo de documento en el que se desvincule completamente de la banda a la que ha pertenecido durante años.
Hasta ahora, ninguno de los cuatro refugiados que han entrado en España de manera legal ha vuelto a tener contactos con ETA, según aseguran fuentes de la lucha antiterrorista. Arcocha y Mendinueta residen desde hace más de un año en Bayona. Y Tigresa y Niko se han instalado ya en Hendaya.
Estos dos últimos llevaban dos décadas viviendo en Cuba. Hace unos años, coincidiendo con la pérdida de privilegios que el régimen de los hermanos Castro había brindado siempre a los etarras residentes en la isla, intentaron salir de Cuba. Pero las autoridades del país se lo impidieron. Hasta ese momento, entre las prebendas de las que se habían beneficiado los etarras estaba la obtención de documentación falsa con la que entraban y salían de la isla a su antojo. A Trigresa y Niko se la denegaron.
Ambos sabían que sus causas penales estaban prescritas en España, pero no estaban dispuestos a pasar por el trago, para ellos humillante, de acudir a la embajada española. El 8 de febrero del pasado año, ambos firmaron una carta en la que tildaban de «carceleros» a los gobernantes de La Habana, y les acusaban de haber incumplido los compromisos supuestamente adquiridos por el Gobierno de Fidel Castro con los primeros etarras que llegaron a la isla en 1984 procedentes de Panamá y que incluían no impedir la eventual salida de la isla de los miembros de la banda. «Queremos hacer público nuestro rechazo hacia la actitud de las autoridades de este país, que nos condena, de facto, a cadena perpetua, en un marco, además de absoluta inseguridad jurídica», denunciaban en el escrito. En ese momento, ambos se negaban «por cuestiones de principio» a conseguir documentación legal española, y amenazaron con iniciar una huelga de hambre.
Elena Bárcena había sido deportada a Cabo Verde en 1986 junto a su marido, José Ignacio Rodríguez Muñoa, Zippo, pero ambos acabaron recalando en Cuba un año más tarde. Francisco Javier Pérez Lekue llegó a la isla procedente de Nicaragua. Los servicios de inteligencia españoles calculan que la comunidad de etarras en Cuba no supera actualmente la veintena. Algunos trabajan en la zona de Varadero, están completamente integrados, y ni si plantean abandonar la isla.
BUSCA Y CAPTURA / Tras la publicación de la carta en el diario El País, los dos etarras planearon huir de Cuba en velero junto con Etxarte Urbieta y llegar a Venezula, donde confiaban en ser protegidos por el régimen de Hugo Chávez. A diferencia de Bárcena y Pérez, Etxarte sí tiene una orden de búsqueda y captura del juez de la Audiencia Nacional, Eloy Velasco, por participar en la formación de guerrilleros de las FARC.
A principios de agosto del 2011, Bárcena, Lekue y Etxarte alquilaron una embarcación de recreo, zarparon y llegaron a Haití. Allí contactaron con el haitiano Sadir Allyn y con el caboverdiano Carlos Mendes, que les prometieron que les llevarían hasta Venezuela. Tras varios días de travesía complicada por el mal tiempo, el Silver Clouds, con bandera española, encalló junto a una isla del archipiélago de Los Roques, cerca de la costa. Tras auxiliarlos y comprobar que habían entrado ilegalmente, los guardacostas venezolanos procedieron a su arresto. Tras varios días de reclusión, finalmente el régimen de Hugo Chávez decidió devolver a Cuba a los etarras. Hasta el 13 de abril, cuando, como ciudadanos españoles, dos de ellos, Bárcena y Lekue, regresaron a Europa e iniciaron una nueva vida en Francia.