A un día de que se cumplan los ocho meses desde que ETA anunció su firme voluntad de abandonar las armas, todavía cuesta encontrar a ertzainas patrullando a pie por las calles de Euskadi. Con 30 años y 15 muertos a causa del terrorismo, la policía vasca vive inmersa en un intenso debate sobre cuál ha de ser su modelo en un País Vasco sin ETA. Los consultados coinciden en asegurar que tras años de estar en el punto de mira de los terroristas y ser objeto de una durísima campaña de hostigamiento en las calles, la Ertzaintza necesita readaptarse al nuevo marco de convivencia y recuperar las aceras que durante años solo han podido pisar protegidos hasta los dientes con material antidisturbios.
Una pareja de ertzainas patrullan a pie por los alrededores de la Casa de Juntas de Gernika, el pasado martes. VICENT WEST
Información publicada en la página 20 de la sección de Política de la edición impresa del día 19 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
La amenaza de ETA y de la violencia callejera obligó a los agentes de la Ertzaintza a protegerse. A nivel personal, les forzó a esconderse, a ocultar su identidad como policías, a trasladar muchos su hogar fuera de Euskadi, a tomar medidas de autoprotección permanentes y a no fiarse de nadie. En cuanto a procedimientos de trabajo, se convirtieron en un cuerpo de combate que creció casi exclusivamente en su lucha contra la banda y contra la violencia radical en las calles. Un dato, todos los vehículos policiales son blindados, salvo las últimas adquisiciones. Y el uniforme de seguridad ciudadana es el tradicional mono ignífugo oscuro que acostumbran a vestir las unidades antidisturbios. Tiene su lógica. «Hubo un momento en Euskadi que a los ertzainas nos quemaban vivos», relata Roberto Seijo, uno de los responsables de Erne, el sindicato mayoritario de la policía vasca.
EL FUTURO, A DEBATE / Para este sindicato, el modelo policial por el que tiene que trabajar la Ertzaintza está muy claro: «Recuperar el espacio perdido en las calles». Un análisis que coincide con el del parlamentario del PNV, Mikel Martínez. Después del verano, Erne celebrará un congreso para debatir sobre el futuro de la policía vasca.
«Durante muchos años, ETA lo tapó todo. Sin terrorismo, empezarán aflorar en Euskadi los problemas de delincuencia que sufren el resto de comunidades autónomas». Lo cuenta un responsable de la Fiscalía del País Vasco que no quiere pasar por alto que, a pesar de haber sido una policía moldeada para combatir el terrorismo, tiene grandes profesionales en materia de policía judicial.
Son precisamente esas unidades de policía judicial, las que se encargan de luchar contra el crimen organizado, de resolver los homicidios, de prevenir el auge de las bandas latinas, de luchar contra el tráfico de drogas y de personas, las que han estado durante años desvalorizadas ante los grupos antiterroristas, que lo ocupaban todo en la Ertzaintza. El superintendente Toño Varela, actual jefe de la policía vasca, reconoce que en estos últimos tiempos se han empezado a mimar más estas unidades y a reciclar a investigadores que durante años estuvieron dedicados exclusivamente a combatir la lacra del terrorismo.
En esta readaptación han colaborado los Mossos d'Esquadra. Las buenas relaciones que existen entre Varela y el comisario jefe de la policía catalana, Josep Milán, han favorecido que frecuentemente grupos de la Ertzaintza visiten instalaciones de los Mossos interesados especialmente en el modelo de la División de Investigación Criminal (DIC) y el trabajo de información con las bandas latinas y el tráfico de personas. Varela admite las visitas a Barcelona, pero las encuadra en un contexto de intercambio de conocimientos en el que los ertzainas también han aportado su experiencia, especialmente en el control del orden público.
Durante años, Euskadi ha tenido una de las mayores acumulaciones de diferentes cuerpos de policía de Europa. Ertzaintza, Guadia Civil, Policía Nacional, CNI y los escoltas frenaron con su presencia el asentamiento de mafias y permitieron tener una de las mejores estadísticas en seguridad de España. ¿Y ahora? Luis Mariano Rodado, secretario general del SUP (Sindicato Unificado de Policía) en el País Vasco, defiende su permanencia y advierte de los riesgos del terrorismo islamista. El discurso de la izquierda aberzale no ha variado. Aboga por la retirada de todas las fuerzas de seguridad del Estado y por una desmilitarización de la Ertzaintza.