Xavier Bru de Sala
Escritor
No es cierto que el ambiente político de Catalunya esté dominado por los indignados y los soberanistas. Más falso es que los extremos de estos dos colectivos, antisistema e independentistas radicales, configuren la textura ambiental de nuestros días. Sí es cierto, o me lo parece, que en el cuerpo social conviven, por un lado, el malestar por la situación económica, los recortes y el aumento de las desigualdades, y por otro, el soberanismo más o menos explícito o difuso, basado en la sensación creciente de injusticia que sufre Catalunya.
Información publicada en la página 23 de la sección de Política de la edición impresa del día 19 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
El aniversario del 15-M, que se ha celebrado con dignidad pero sin estridencias, demuestra que más allá de la militancia existe un amplio entorno de comprensión e incluso de participación del espíritu de los indignados. Si no tuviéramos bastante con esta constatación, nos podríamos fijar en el seguimiento de todas las manifestaciones convocadas en los últimos tiempos. En este terreno, los medios de comunicación, incluso los más alejados de la derecha, expresan posiciones más moderadas que las de sus públicos.
Al mismo tiempo, pero en otro circuito, el soberanismo coge impulso. Por encima de todo, el fiscal, pero también la idea del estado propio, la convicción o la posibilidad de la independencia.
Destaca también, por si fuera poco, el pesimismo ambiental. Nadie predice remedio a la austeridad ni final a los recortes, o se atreve a pronosticar una fecha para la salida del túnel. De manera similar pero no exacta (ya que la indignación, a diferencia del soberanismo, no brinda salida ni soluciones), la mayoría de partidarios del estado propio no creen que pueda llegar a medio plazo. Ni siquiera los más impacientes se atreven a lanzar previsiones para el próximo año o el famoso 2014.
Malestar social y soberanismo circulan separados como las almas del poema de Màrius Torres tan bien musicado por Llach que traduzco: «Corren nuestras dos almas como ríos paralelos. / Andamos el mismo camino bajo los mismos cielos. / No podemos acercar nuestras vidas...».
Comparten, en cambio, el convencimiento de que la situación actual es en gran medida fruto del mal gobierno de España, y que este mal gobierno no hace sino empeorar. Seguro que es una exageración, pero se extiende la percepción de que España es un desastre sin remedio, gobernada por ineptos y aprovechados que han perdido la credibilidad y la confianza dentro y fuera. España no tiene gobierno de repuesto.
¿Y CiU? Sufre las consecuencias del primer y más general de los malestares, que le pasa factura, y trata de liderar el otro con mucho cuidado, para que no se acelere. ¡Que no se mezclen! Si las dos corrientes generales se llegan a unir en una sola, la tendremos armada.