La libertad de expresión y el derecho a discrepar nunca han encajado con el funcionamiento estamentario de las cúpulas de los partidos, reticentes demasiadas veces a escuchar el clamor de la indignación social que, entre otras reivindicaciones, exige a sus representantes que antepongan los principios y la conciencia a los intereses de partido. El último ejercicio de rebeldía política realizado por el veterano diputado del PSC Ernest Maragall, que se negó a someterse a la disciplina de voto y apoyó por su cuenta y riesgo el pacto fiscal del Govern, ha vuelto a poner de manifiesto los sarpullidos que afloran cuando un dirigente se atreve a cuestionar la línea oficial en una fuerza política. El episodio ha desembocado en una suerte de duelo por vía epistolar en el que la dirección socialista y el díscolo exconseller están dispuestos a permanecer en su trinchera hasta que la otra parte enseñe la bandera blanca. Disciplina de voto contra libertad de actuación.
El 'exconseller' Ernest Maragall, en uno de los sofás de los pasillos del Parlament de Catalunya. ALBERT BERTRAN
Información publicada en la página 18 de la sección de Política de la edición impresa del día 01 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Hasta el vocabulario se impregna de esta especie de disuasión nuclear: «Cuando quieras y donde quieras». La expresión se la dedicó ayer Maragall al secretario de organización del PSC, Daniel Fernández, en la carta-órdago con la que respondía al desafío que, 24 horas antes, este último le había planteado, al señalarle la puerta de salida y exigirle el acta de diputado. De esa manera aceptó el emplazamiento a resolver la situación cara a cara, si es que queda algo que aclarar tras el intercambio de misivas. Porque el parlamentario se reafirmó en sus actos y rompió la baraja con la absoluta tranquilidad de que nadie puede arrebatarle su escaño, y de que es la dirección que encabeza Pere Navarro la que puede salir peor parada de esta batalla.
LAS JAQUECAS DEL LÍDER / El caso Maragall se suma a las jaquecas que tiene que neutralizar el líder para consolidarse y remontar en las encuestas. Pero puede no ser una más, porque la reiterada indisciplina del exconseller (la votación del pacto fiscal era la segunda en la que se descolgaba de sus compañeros) se ha convertido en el primer desafío interno serio a la autoridad del primer secretario, después de que el sector catalanista del partido le concediese una tregua hasta las primarias para escoger al candidato a president. Y como Maragall pertenece a dicho sector, en la resolución del problema, Navarro pone en juego su capacidad para aceptar el pluralismo, pero también su credibilidad como líder.
Ese equilibrio nada sencillo explica que, tras los órdagos cruzados, la dirección del PSC quiera aprovechar el estío para rebajar la tensión dialéctica y enfriar la patata caliente. Para empezar, según fuentes de la ejecutiva, cualquier decisión sobre el futuro de Maragall no se tomará antes de septiembre. Fernández tiene la intención de contactar esta semana con el exconseller para fijar la fecha de su reunión, pero la cita no se prevé antes de finales de agosto.
No obstante, el diputado ya ha recibido una primera sanción. El grupo socialista ha tramitado la multa de 120 euros que el reglamento del Parlament establece para casos de indisciplina. Al haber discrepado en tres votaciones, Maragall deberá pagar 360 euros, que se sumarán a los 120 euros que ya tuvo que abonar en abril, cuando desobedeció la consigna de grupo en una votación sobre el macroproyecto de Eurovegas. Cosa distinta sería si Navarro se plantease expulsarle del grupo parlamentario. Sería la ejecutiva la que tendría que aprobarlo, y esta no se reúne ya hasta después de las vacaciones.
El entorno del primer secretario no mostró sorpresa por el contenido de la carta de su diputado díscolo e, incluso, echó mano de la indiferencia para sugerir que Maragall está ya más fuera que dentro de las filas socialistas. «Él solo se ha autoexcluido. No le vamos a dedicar más tiempo», afirmaron fuentes de la cúpula, que subrayaron que la actitud del exconseller no responde a un voto concienzudo, sino a intereses personales. No se creen sus explicaciones porque la jugada coincide con la gestación de la plataforma Plaça 21, que, con Maragall a la cabeza y sin descartar objetivos electorales, enarbola la bandera de un catalanismo progresista libre de hipotecas y dependencias estatales. Es decir, todo aquello que el ala catalanista anhela para el PSC.
La indignación de la dirección es mayor por el simbolismo de la votación y por el hecho de que Maragall no advirtiese de sus intenciones. Reconocen en la cúpula que el exconseller, como otros diputados, manifestó que el PSC debía avalar el modelo de financiación, pero nunca que fuera a hacerlo a espaldas del resto. Sin embargo, fuentes del grupo parlamentario aseguraron que sí hubo tal aviso. Fue en la reunión celebrada el día antes de la votación, en presencia de Navarro, aunque las mismas fuentes añaden que la advertencia no se repitió en la reunión que fijó la posición final, que tuvo lugar minutos antes del inicio del pleno, tras rematarse la negociación con CiU.
RECHAZO A LAS REPRESALIAS / El sector catalanista del partido no ha tardado en salir en defensa de Maragall, en público y en privado, y apelando a la libertad y el pluralismo. Dirigentes como el alcalde de Lleida, Àngel Ros, y las exconselleres Montserrat Tura y Marina Geli se han mostrado contrarias a cualquier medida de represalia contra el diputado, que ha recibido también el aplauso, a través de las redes sociales, de la órbita de CiU y del universo independentista. Su propia terminal, Plaça 21, tuiteó ayer la doctrina: «Los cargos elegidos democráticamente se deben a los electores, y no a las administraciones de los partidos». Espadas en alto.