«Por primera vez hay que alegrarse de que el Gobierno haya hecho lo contrario de lo que dijo», lanzó en Twitter Óscar López, secretario de organización del PSOE, como colofón de la campaña #salvemos400€. Lo cierto es que los socialistas, junto con UGT y CCOO, se han apuntado un tanto ante la torpe incertidumbre que ha mantenido hasta el último momento Rajoy. Los populares parecían prisioneros de sus palabras en la oposición, cuando no solo tachaban dicha ayuda de frívola sino que le atribuían una finalidad que nunca tuvo: la inserción laboral. En realidad, se trata de un subsidio para que los que nada tienen no se vean abocados a asaltar supermercados. Rectificar es de sabios, aunque no sabemos si se ha producido por convicción de Rajoy o por la presión de los barones populares de Galicia y Euskadi, con elecciones a la vista. Muchos en el PP, sobre todo alcaldes, habrán respirado hondo porque, de lo contrario, se iban a dar de bruces con la realidad de la calle. Por su parte, los socialistas salen convencidos de haber recuperado la inteligencia política.
Información publicada en la página 16 de la sección de Política de la edición impresa del día 17 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Frente a la profunda crisis que atravesamos, hay que aplaudir la madurez de los líderes sindicales Ignacio Toxo y Cándido Méndez, pues intentan construir un relato propositivo con el fin de evitar que el hondo malestar ciudadano ante los recortes y el miedo al paro derive en frustración, odio y resentimiento, caldo de cultivo de populismos de todo tipo. Ante la acción de un Gobierno que está haciendo todo lo contrario de lo que prometió en su programa electoral, le piden que o dimita, y convoque elecciones, o someta a referendo las políticas de recortes. Es evidente que no va a suceder ni lo primero ni lo segundo, pero los sindicatos aciertan señalando la baja calidad democrática de nuestro sistema: el PP negó siempre tener un programa oculto y Rajoy no dijo tampoco nada de lo que luego ha hecho en el debate de investidura.
Las promesas electorales deberían ser tratadas como contratos con la ciudadanía, de lo contrario se incurre en un grave desprecio a los electores. El ejemplo lo tenemos en Japón, donde el Gobierno convocará elecciones tras aprobar una subida fiscal no incluida en su programa. Si Rodríguez Zapatero hubiera disuelto las Cortes cuando se evidenció que las políticas europeas de austeridad convertían en cenizas el programa socialista del 2008, no habría salido tan malparado de esta crisis. El PSOE habría perdido el poder, pero hoy su labor en la oposición tendría un crédito mucho mayor.
Se avecinan meses de gran tensión social en que será imprescindible recuperar no solo la voluntad de diálogo, sino la firme convicción de que la democracia solo funciona cuando existe un equilibrio entre las instituciones y la calle.