Joan Tapia
Periodista
Lo dije hace meses. El pacto fiscal (versión Artur Mas) fracasaría. Porque va en la línea muy espinosa del concierto, porque no tenía el apoyo del PP que le ha aguantado la legislatura y que tiene mayoría absoluta en Madrid, y porque tampoco gusta al PSC. ¿Cambiaba las cosas la gran manifestación? Quizá sí, algo, si hubiera exigido el pacto fiscal. Pero la manifestación, incitada por CDC, fue un clamor independentista. ¿Por qué Mas dio consignas contradictorias? ¿Por qué una parte de CDC y la difusa Asamblea Nacional Catalana le quiso forzar la mano? ¿Por qué el grado de desafección con España de una parte de Catalunya (la que ve TV-3) es muy superior a lo que se creía?
Información publicada en la página 3 de la sección de Tema del día de la edición impresa del día 21 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Sea como sea, a Rajoy le era muy complicado atender la petición de un pacto (para quedarse en España) por parte de quien hacía ostentación de haber incitado una manifestación para marcharse de España (eso si, sin romper). ¿No ha visto Mas en el caso Bolinaga que la derecha-derecha da a Rajoy el mismo maltrato que él daba a Zapatero? Además, en las últimas elecciones catalanas (las legislativas de noviembre) el PSC y el PP sumaron más escaños (y votos) que CiU, ICV y ERC juntas. ¿Qué pasará ahora?
Mas dirá que el rechazo frontal al pacto fiscal liquida la legislatura y demuestra cerrazón. No deja de tener algo de razón, pero la clave es que le legitima una disolución inevitable. Mas no quería gobernar cuatro años haciendo recortes con la muleta del PP. Ni con recortes algo menores, y subiendo impuestos, con la del PSC. Ha optado por envolverse en la estelada (una interpretación libre de su eslogan Per una Catalunya millor) y se ha quedado sin mayoría en el Parlament. No puede aprobar los presupuestos del 2013. Además, no hay mal que por bien no venga, porque las cuentas públicas catalanas del año próximo -como las españolas- serán de crujir dientes.
Por qué tener que ir a elecciones dentro de un tiempo con la impopularidad acumulada por más ajustes duros cuando un Rajoy con poca cintura facilita que se hagan ahora porque «España no escucha y nos esquilma». La gran pega es que será la primera vez que CiU vaya a unos comicios sin poder hacer «la puta y la Ramoneta» (Pujol dixit). Aunque quizá logre repetir la fórmula de éxito reclamando la independencia de media jornada. CiU apuesta a la mayoría absoluta (si no la obtiene puede quebrarse) y tiene en su haber ser una escuela de grandes profesionales como Pujol (padre), Roca, Duran, Mas… Y ahora tiene la ventaja de que sus contrarios son perros flacos. El PP se debate en el doble tormento de los rescates, el paro y el IVA junto a la campaña contra el Estatut. Y el PSOE y el PSC, con Zapatero en la Moncloa y Maragall y Montilla en el Govern, no impidieron una quiebra del Estatut que casi aniquila su mensaje político en Catalunya desde las elecciones del 77.
Pero pase lo que pase el 25 de noviembre me temo que vamos a vivir largos años con el debate independentista encima de la mesa. En Quebec llevan más de 30.