La dirección del PSOE asegura estar tranquila. Tras las estrepitosas derrotas del do domingo en Galicia y Euskadi (donde los socialistas perdieron siete y nueve escaños respecto de los resultados del 2009), observa con preocupación cómo la caída del partido parece no tener suelo («aún podemos cavar», decía ayer con sorna un importante dirigente), pero mantiene la calma ante la posibilidad de que algunos intenten moverle la silla al secretario general, Alfredo Pérez Rubalcaba. El motivo es sencillo. «El partido está tan mal que nadie tiene fuerza para hacerlo», señaló un miembro del círculo del jefe de la oposición.
Juan Fernando López Aguilar llega a la sede del PSOE ante la protesta de un tipo con barretina. AGUSTÍN CATALÁN
Información publicada en la página 16 de la sección de Política de la edición impresa del día 23 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Nadie, salvo Andalucía. Es la federación más poderosa del PSOE, y la única, junto a Asturias, que goza de poder autonómico. Ya se ha empezado a mover. Aunque queda tiempo para eso, no se descarta que el presidente de la Junta y del PSOE, José Antonio Griñán, que apoyó a Carme Chacón frente a Rubalcaba en el congreso del pasado febrero, se plantee lanzar su candidatura a las generales en unas primarias que algunos barones empiezan a reclamar con fuerza. Preguntado por esta posibilidad, uno de sus hombres de confianza, Mario Jiménez, número dos del PSOE andaluz, no lo negó. «Ustedes están corriendo mucho», dijo.
Pero lo que sí empieza a mostrarse a las claras es el malestar y nerviosismo de los territorios ante el estilo de oposición y la manera de conducir el partido de su líder. Creen que los resultados tienen mucho que ver con esto. La interpretación de la dirección del PSOE, en cambio, es que la debacle obedece a la larga estela de José Luis Rodríguez Zapatero. «Todavía no ha terminado ese ciclo electoral negativo», sostuvo la vicesecretaria general, Elena Valenciano, tras la reunión de la comisión permanente socialista. Rubalcaba optó por no comparecer. Mientras tanto, los chaconistas permanecen quietos. Comparten la mayor parte de las críticas, pero por el momento aparcan cualquier movimiento.
LA CANDIDATURA / Como es normal ante un desplome como el del domingo, y más en un partido tan dado al frenesí declarativo como el PSOE, las reacciones cayeron en barrena. Desde Andalucía, el portavoz de la Junta, Miguel Ángel Vázquez: «No hay que poner paños calientes, sino tomar nota del mensaje tan clarito de las urnas». Desde Madrid, el díscolo líder del PSM, Tomás Gómez: «Hay que hacer cambios profundos». Desde Castilla-La Mancha, cuyo secretario general, Emiliano García-Page, apoyó a Rubalcaba en el congreso, el secretario de organización de la federación, Jesús Fernández, dijo que convendría «perfilar» quién será el candidato a las generales, un puesto que el exvicepresidente ha dado muestras de querer ocupar.
Con los micrófonos apagados, las palabras fueron mucho más contundentes. Un par de ejemplos. Un importante diputado que apoyó a Chacón en febrero: «Nuestro problema es que emitimos en una onda que no sintoniza la ciudadanía. Por el contenido y por quién es el emisor. Así que deberíamos cambiar ambas cosas». Y fuentes cercanas a Griñán: «Se está viendo una debilidad clara en nuestra oposición. No está definido y no da alternativas concretas».
LAS IDEAS / El entorno de Rubalcaba ninguneó estos movimientos. «Nos piden una reflexión, pero no plantean ninguna idea nueva. Aquí las únicas ideas son las nuestras», señalaron, en una frase que evidencia la profunda división que sufre hoy el PSOE. Y sobre la supuesta conveniencia de celebrar unas primarias cuanto antes, se hicieron una pregunta: «¿Qué vamos a hacer? ¿Elegir a un candidato ahora para que dentro de dos años ya esté quemado y haya que elegir a otro?».
Y así está el partido, desorientado, fragmentado y ante un debate territorial que acoge con incomodidad. Lo que no se plantea es la dimisión del Rubalcaba. «Hemos perdido muchas veces en Euskadi y Galicia -concluyó Valenciano-. Si cada vez se hubiese cuestionado al secretario general, no habría habido estabilidad prácticamente nunca».