El asesinato de Miguel Ángel Blanco provocó la definitiva deslegitimación del terrorismo en Euskadi, y abrió un brecha social sin precedentes que estigmatizó a los simpatizantes de la izquierda aberzale. Cuando se cumplen 15 años del secuestro y ejecución del concejal de Ermua, el recuerdo de las 72 horas que mediaron entre su desaparición y su muerte sigue muy presente. Aquel horrible crimen se volvió contra ETA y su entorno hasta el punto de que el resto de la sociedad vasca aceptó sin mayor problema las ilegalizaciones en cadena de partidos aberzales, el recrudecimiento de la política penitenciaria y el cierre de medios de comunicación independentistas.
Información publicada en la página 24 de la sección de Política de la edición impresa del día 13 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
La indignación por esa muerte cruel y sin sentido despertó una reacción ciudadana en buena parte de Euskadi que estuvo cerca de escapar a todo control. Las sedes de la izquierda aberzale tuvieron que ser protegidas por la Ertzaintza, en un histórico cambio de tornas; quienes veían amenazada su integridad eran los simpatizantes de Batasuna, e incluso sus comercios fueron boicoteados durante meses en varias localidades vascas.
El socialista Carlos Totorika sigue siendo el alcalde de Ermua (Vizcaya). Hace tres lustros se vio obligado a salir al balcón municipal a anunciar a las miles de personas que se habían echado a la calle que ETA había acabado con la vida del joven edil del PP. El grito de la muchedumbre aún resuena en la cabeza de los presentes; ante el riesgo de que hubiera linchamientos, el alcalde decidió improvisar una manifestación para intentar calmar la ira desatada. Incluso tuvo que apagar, extintor en mano, las llamas de una herriko taberna.
Hoy Totorika admite que el dolor persiste, aunque el paso del tiempo «cure en parte las heridas». Pero se muestra convencido de que aquel asesinato posibilitó un fortalecimiento de la democracia y le otorga una influencia decisiva en el final de ETA. Las movilizaciones ciudadanas que se multiplicaron durante aquellos días en las ciudades vascas no tenían precedentes y permitieron, dice, «ganar la calle» a los violentos.
Antonio Basagoiti, en un homenaje celebrado ayer en Ermua, demostró que las heridas no han cicatrizado. «Hemos ganado a las ideas antidemocráticas que apretaron aquel gatillo», subrayó, pero añadió que ningún vasco debe olvidar que detrás de las aspiraciones independentistas de Bildu y Amaiur «sigue estando la pretensión que asesinó a Miguel Ángel».
Catarsis en Batasuna
El mundo de Batasuna también sufrió una catarsis ante un atentado tan injustificable, a pesar de que apenas hubo críticas públicas. En privado, muchos dirigentes confiesan que en aquellos días perdieron para siempre las pocas simpatías que podían conservar en el entorno nacionalista. Durante mucho tiempo el cierre de filas y la tutela de ETA evitaron que se percibiera esta evolución interna, aunque sus efectos han terminado aflorando. La mejor muestra son las declaraciones de la candidata de EH Bildu, Laura Mintegi, que no ha dudado en utilizar la palabra «asesinato» para referirse a la «terrible tragedia que vivió Euskal Herria» hace 15 años. Por el contrario, el diputado de Amaiur Xabier Mikel Errekondo no fue capaz de condenar aquel crimen ni de mostrar una mínima empatía hacia las víctimas.
El recuerdo del edil asesinado tendrá continuidad hoy en otras 40 ciudades españolas, aquellas que decidieron bautizar una calle o una instalación municipal con el nombre del concejal asesinado.