La dirección del PSOE y políticos con gran ascendencia como Joaquín Almunia y Felipe González se afanaron ayer en intentar cerrar el penúltimo debate abierto en sus filas sobre la conveniencia o no de adelantar las elecciones generales al próximo otoño. El que más claro habló fue el expresidente del Gobierno, que reconoció que a su partido le puede convenir el adelanto, pero a España, no. En esa disyuntiva (el país o el PSOE) se encuentran los socialistas tras la debacle del 22-M mientras ven cómo sus socios habituales, CiU y PNV, empiezan a marcar distancias ante la posibilidad de que José Luis Rodríguez Zapatero ¿que ha dicho una y otra vez que quiere agotar la legislatura y el proceso de reformas económicas¿ pierda el pulso.
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