A finales del 2010, los socialistas firmamos un acuerdo con CiU para facilitar, con nuestra abstención, la investidura de Artur Mas. Se trataba de un pacto dividido en cinco grandes capítulos, que recorría un amplio abanico de aspectos, desde la lucha contra la crisis y el paro, pasando por las políticas sociales, la representación institucional, la concertación social y política, hasta la transparencia y la mejora democrática. Algunos nos lo criticaron, ya que consideraban que los socialistas debían expresar desde el primer momento una actitud de oposición beligerante. Querían que pagáramos a CiU con la misma moneda, devolviéndole su durísima labor de oposición hacia los gobiernos de Pasqual Maragall y José Montilla.
Una imagen de la anterior cumbre de partidos sobre el pacto fiscal celebrada el pasado 30 de mayo. JULIO CARBÓ
Información publicada en la página 29 de la sección de Política de la edición impresa del día 12 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Sin duda, habría sido la posición más cómoda, pero no la más coherente con nuestra trayectoria. Habría sido fruto más del resentimiento que de la responsabilidad. Habíamos gobernado Catalunya desde el 2004, y queríamos preservar lo máximo posible un legado de izquierdas. Además, las dificultades sociales de la crisis eran ya entonces de una magnitud escalofriante. Ante eso, optamos por un marco de acuerdos entre las dos principales fuerzas, si bien cada uno en su papel: CiU en el Govern y nosotros en la oposición.
POR Desgracia, sin embargo, aquel pacto es hoy papel mojado. El Govern de Mas no lo ha respetado en casi nada. Desde el día siguiente y hasta hoy no ha hecho otra cosa más que pactar con el PP, cosa perfectamente legítima pero incompatible con la concreción de muchas políticas, particularmente las de ámbito social y de transparencia democrática. Paralelamente, a fin de extender una cortina de humo delante de los recortes en educación y sanidad, se ha dedicado a agitar en todo momento el debate sobre el pacto fiscal, vulnerando uno de los aspectos claves de aquel acuerdo: que todo lo que afectara al marco estatutario se plantearía desde el consenso, como mínimo de ambas fuerzas políticas.
Del mismo modo en que CiU pretendió durante el 2011 que los socialistas votáramos imperativamente unos presupuestos socialmente muy duros mientras suprimían el impuesto de sucesiones para los más ricos, ahora intenta que nos sumemos a una propuesta de concierto económico jurídica y políticamente inviable. Mas lo sabe, como también sabe que ello nos abocaría a un escenario incierto, que podría ir desde el tan anhelado por algunos choque de trenes, metiéndonos en un auténtico callejón sin salida, hasta el más lamentable de los ridículos. En cualquier caso, lo que estaría garantizada sería la frustración y la fatiga de la mayoría de los catalanes.
A menudo, como hacía Oriol Junqueras la semana pasada desde estas mismas páginas, se nos reprocha al PSC que no hacemos como los socialistas vascos, porque no damos apoyo a un modelo de concierto económico para Catalunya. Reconozco que alguien puede ver en ello una cierta contradicción. Pero lo que hay que explicar bien es que, primero, este es un modelo único a escala internacional. En Alemania, citada tantas veces para lo que conviene, no existen conciertos económicos; y, segundo, que nuestra propuesta federal, además de viable jurídicamente, es igualmente justa para Catalunya. Es un error exaltar tanto las diferencias entre uno y otro modelo; conceptualmente, son diferentes, pero no hay nada a priori que haga peor al modelo federal. De lo que se trata justamente es que la financiación de las comunidades autónomas de régimen común acabe de evolucionar en esta dirección, no estamos tan lejos. Y que el concierto para Euskadi y Navarra quede como una diferencia puramente conceptual sin que los resultados económicos del cupo sean un agravio para los otros territorios.
Las cosas complejas no son fáciles de comunicar. Lo más cómodo es adherirse a la propuesta más inflamada. Los socialistas no llevaremos a Catalunya a un callejón sin salida. No suscribiremos, con el único fin de no parecer menos patriotas que otros, una excitación retórica que, en realidad, solo sirve a los intereses electorales del nacionalismo conservador y, cuando fracase, a alimentar el argumentario de quienes nos proponen la ruptura con el resto de España.
Nosotros estamos convencidos de que hay margen para mejorar la financiación de la Generalitat, a pesar de la crisis, incrementando del 25% al 50% el dinero de los impuestos cedidos y reduciendo hasta el 50% restante lo que va a la bolsa común, entre otras propuestas. Creemos también que es sensato que la agencia tributaria sea consorciada con el Estado, porque así lo dice el Estatut que los catalanes votamos no hace tanto. Es preciso, y posible, dar un salto cualitativo, pero en el marco del camino ya recorrido.
Los socialistas seguiremos negociando con la voluntad de llegar a un amplio acuerdo nacional, pero el presidente Mas debe ejercer el liderazgo que comporta el cargo y no esperar que seamos el resto de partidos los únicos que movamos ficha.
Un acuerdo nacional requiere del compromiso principal del presidente de la Generalitat. Hasta el momento, ese compromiso no lo hemos visto, pero esperamos que aproveche la cumbre de hoy para buscar realmente un acuerdo de país. Ahora se necesita inteligencia y espero que la tengamos todos por el bien de la ciudadanía.