Joaquim Coll
Historiador
El economista Adam Smith observó en su célebre obra La riqueza de las naciones que la mayor parte de los hombres sobrevaloran sus capacidades y las posibilidades de ganar. Algo de esto le está sucediendo a CiU en el tema del pacto fiscal. Sus dirigentes pensaban que iban a poder obligar al PSC, en un momento en que este partido sufre una baja autoestima, a adherirse al concierto económico. Para ello desarrollaron una fina estrategia con el fin de intimidarlos.
Información publicada en la página 21 de la sección de Política de la edición impresa del día 20 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Primero, CiU se saltó a la torera el acuerdo de investidura de Artur Mas con los socialistas, según el cual todo lo relacionado con la modificación del marco estatutario sería consensuado, como mínimo entre ambas fuerzas. Lo señalaba Pere Navarro en un artículo en EL PERIÓDICO. En lugar de eso, Oriol Pujol corrió a pactar en el Parlament con ERC un modelo de concierto, al que lograron también sumar a ICV, pues en estos temas los ecosocialistas han decidido no ser menos que los republicanos para poder así pescar también en el caladero soberanista. Tercero, el Govern convirtió el CEO en un instrumento propagandístico para argumentar, con encuestas en la mano, que hay un clamor popular a favor de la hacienda propia y de que, de no lograrse, se va a hacer independentista hasta la moños. Antes, recordemos, el conseller Mas-Colell nos ofreció una lectura sesgada de las balanzas fiscales del 2009, con lo que, queriéndolo o sin querer, avaló el discurso populista del expolio. Y, cuarto, una vez fijado por tierra, mar y aire todo este marco interpretativo, algunos medios no cesan ahora de acosar al PSC advirtiéndole de que, si insiste en su quimera federalista, va a quedarse fuera de la centralidad política, y de que le espera un futuro muy negro.
Visto lo cual, la inquietud en muchos sectores del PSC es grande, sobre todo fuera del área metropolitana: allí la presión del soberanismo es enorme y ser socialista está siempre bajo sospecha. Es comprensible, pues, que a muchos dirigentes les entre la flojera. Por eso mismo hay que subrayar la fortaleza de Navarro ante este envite. Quiere pactar, como siempre ha hecho el PSC, pero sin entreguismos. Así, pues, no firmará el concierto por mucho que le intimiden o le regalen, a cambio, un par de adjetivos elogiosos en TV-3 o en La Vanguardia.
Navarro ha comprendido que, con el pacto fiscal, el socialismo catalán se juega la autonomía de su proyecto político frente al nacionalismo. ¿Qué sentido tiene adherirse a una idea que no es la suya y, encima, condenada al fracaso jurídico y político? En el Consell Nacional de mañana, este tema centrará la atención de los socialistas. A muy pocos les gusta la idea de quedarse fuera de un pacto, pero la autoestima y la fortaleza solo se recuperan desde la capacidad de decir que no.