El Govern de Artur Mas inauguró ayer una nueva modalidad de confrontación política: el ataque aparentemente mudo pero teledirigido. Mientras en el Senado el president evitaba plantear un choque frontal con el Gobierno central, avalaba el documento final sobre los objetivos de déficit y abandonaba la reunión sin hacer declaraciones, en el Palau de la Generalitat, el portavoz del Ejecutivo catalán, Francesc Homs, daba rienda suelta a las descalificaciones sobre la actuación del Gobierno de Rajoy en cuanto a la reducción del déficit, los Presupuestos del Estado y el debate identitario.
Información publicada en la página 3 de la sección de Tema del día de la edición impresa del día 03 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
En efecto, Mas decidió ayer soslayar su plan en favor del ejercicio de la autodeterminación. Lo llevaba guardado en la cartera por si algún presidente autonómico tenía la tentación de enfrentarse a él. No le faltaban ganas al president, porque en el Palau son conscientes de que los ataques al soberanismo son una fábrica de votos por la independencia. Pero no fue el caso. Sí denunció que Rajoy exige a las autonomías un esfuerzo de austeridad superior al que lleva a cabo la Administración central y torció el gesto cuando vio los documentos iniciales de la sesión, pero guardó las formas y avaló el compromiso genérico adoptado en la reunión.
A la misma hora, en el Palau de la Generalitat, Homs se despachaba a gusto contra el partido al que CiU ya no necesita para elaborar los presupuestos catalanes, una vez convocadas las elecciones. Homs dijo que las cuentas del Estado son una «vergüenza» por la falta de inversión en Catalunya y «dan miedo». Una palabra, miedo, escogida adrede por el portavoz: «Ya que a alguien le gusta plantear las cosas en estos términos, lo que da miedo son estos Presupuestos, que asfixian a la Generalitat».
Los «obtusos»
El portavoz también calificó de «obtuso» al Gobierno por apostar por el corredor ferroviario central en vez del mediterráneo y concluyó que al Ejecutivo de Rajoy lo único que le interesa es que sus números cuadren «y que las comunidades autónomas se aguanten».
En materia de infraestructuras, el conseller de Territori i Sostenibilitat, Lluís Recoder, calificó los presupuestos de su área de «pésimos e inaceptables». Recoder citó abandonos como la conexión en Castellbisbal (Vallès Occidental) entre la AP-7 y la A-2 que, a pesar de estar en la fase final de ejecución, se destinan unos fondos insuficientes que impiden pensar que esta obra viaria se acabe el año próximo.
Otro de los ejemplos flagrantes es el presupuesto destinado al ferrocarril, prosiguió el conseller, «que demuestra la miopía política del Gobierno del Estado», ya que el 71% de los fondos de este ámbito son para alta velocidad en España mientras que Rodalies, en el caso de Catalunya, recibe únicamente 82 millones, que representa el 2% del total.
El silencio de Mas sobre el modelo de Estado no dejó a nadie indiferente. Rajoy se felicitó por ello: «Me parece positivo que todo el mundo se haya ocupado de la crisis». El presidente madrileño, Ignacio González, alabó el «sentido de Estado» de Mas. «Para mí el sentido de Estado es otra cosa, no ceñirse al orden del día», espetó en cambio el extremeño José Antonio Monago. Los medios de comunicación más conservadores preguntaron a los presidentes sobre si veían lógico que el president no quisiera exponer su plan soberanista.