El Periódico

BALANCE DE MANDATO

Artur Mas: el legado de cinco años al frente de la Generalitat

Recorrido por el lustro del líder de Convergència como jefe del Govern

Soberanismo, recortes y escándalos de corrupción han marcado su etapa

Cronología de cinco años de Mas al frente del Govern


Sábado, 9 de enero del 2016 - 19:04 CET

Nada explica mejor el paso de la política catalana de tranquilo oasis a enloquecida montaña rusa que los cinco años de mandato de Artur Mas al frente de la Generalitat. En este lustro (y dos semanas y media de añadido), el líder de Convergència ha convocado dos veces elecciones anticipadas (en el 2012 y el 2015) y se ha quedado a segundos, como quien dice, de hacerlo una tercera vez.

El 129º presidente de la Generalitat da "un paso al lado" y cede el testigo a Carles Puigdemont después de tres meses de negociaciones en que la CUP ha vetado su reelección. Él quería, deseaba, anhelaba seguir y no lo ha conseguido, pero desde que el 23 de diciembre del 2010 accediera al cargo ya hay un buen puñado de acontecimientos que deja como legado.

LA TRAYECTORIA DE CIU

Mas vio cumplido su sueño de ser ‘president’ en diciembre del 2010, un mes después de que CiU ganara las elecciones autonómicas con 62 diputados (14 más que en el 2006). La federación nacionalista no logró la mayoría absoluta, aunque demostró un fuerte poder que se consolidó en las municipales del 2011, al estrenarse como vencedora en el conjunto de Catalunya, Barcelona incluida. Aquel predominio se repitió en las generales del 2011, cuando los nacionalistas fueron los más votados por vez primera, pero a partir de ahí empezó el declive.

Tras fracasar el pacto fiscal, Mas buscó la mayoría absoluta adelantando elecciones a noviembre del 2012 con la Ítaca del Estado propio. No le salió bien la jugada, pues CiU ganó pero se quedó en 50 diputados. En la siguiente contienda electoral, las europeas del 2014, la federación nacionalista quedó por detrás de ERC, que también le arrebató muchos votos en las municipales del 2015, cuando Xavier Trias cedió la alcaldía de Barcelona a Ada Colau.

Siempre con el proceso soberanista de fondo, Mas volvió a convocar elecciones el pasado 27 de septiembre. Entonces CDC concurrió bajo las siglas de Junts pel Sí y sin la compañía de Unió. La apuesta convergente por la independencia rompió CiU después de 37 años de sociedad, pero el cambio de rumbo tampoco le sirvió a Mas para lograr la mayoría absoluta. La coalición con ERC e independientes sumó 62 diputados, de los que 30 eran a propuesta de Convergència, por lo que necesitaban el aval de la CUP para que el 'president' mantuviera el cargo. No ha sido así, y entre medias CDC ha seguido perdiendo enteros por el camino: en las generales del 20-D, rebautizada como Democràcia i Llibertat, pasó de primera a cuarta fuerza. Ahora quiere refundarse.

EL BAILE DE SOCIOS

Mas se convirtió en 'president' en el 2010 gracias a la abstención del PSC de Joaquim Nadal. Sin embargo, la primera alianza duradera del jefe del Govern fue con el PPC de Alicia Sánchez-Camacho. Con los populares pactó el líder convergente dos presupuestos de la Generalitat, en plena época de recortes. Solo se vio roto el idilio a mediados del 2012, por el pacto fiscal.

Tras las elecciones de noviembre del 2012, el dirigente de CDC dio un giro de 180 grados y blindó la estabilidad parlamentaria con ERC. La celebración de una consulta de autodeterminación se situaba como prioridad y a cambio Mas se aseguró el apoyo republicano en los presupuestos del 2014 y del 2015. Un año después, ya sin Unió al lado, la sociedad con Esquerra acabó por consolidarse al unirse en la candidatura de Junts pel Sí para el 27-S. El liberal Mas iría de número 4 y el exeurodiputado de ICV Raül Romeva sería el cabeza de cartel.

EL PROCESO SOBERANISTA

Hasta con la CUP, aunque ahora le haya vetado, y con ICV-EUiA, logró Mas tejer alguna alianza. Todas relacionadas con el derecho a decidir (también con la independencia en el caso cupero) y con desmarques ulteriores de los ecosocialistas.

“Catalunya inicia su transición nacional”, proclamó el líder de CDC en su discurso de investidura de diciembre del 2010. Durante dos años, ese camino estuvo enfocado en la reclamación del pacto fiscal, pero todo cambió en el verano del 2012.

Tras el 'no' de Mariano Rajoy, y espoleado por una multitudinaria manifestación en la Diada organizada por Òmnium Cultural y una incipiente Assemblea Nacional Catalana, Mas convocó elecciones, después pactó con ERC y pasó ya sin cortapisas a la pantalla de la consulta y de las estructuras de Estado. El 'procés' cogía carrerilla y lo zarandeaba todo (véase CiU y PSC).

El desafío al Estado subió un peldaño con la declaración del 23 de enero del 2013 en la que el Parlament definió a Catalunya como "sujeto jurídico y político soberano" con los votos de CiU, ERC, ICV-EUiA y un diputado de la CUP. Aquel texto, sin embargo, quedó anulado por el Tribunal Constitucional, el mismo que suspendió la declaración de inicio de la independencia impulsada por Junts pel Sí y la CUP el pasado 9 de noviembre.

El 9-N, pero del año 2014, se celebró el mayor acto soberanista de la 'era Mas' (con permiso de la Via Catalana del 2013, la 'V' del 2014 y la Via Lliure del 2015). Debía ser una consulta, pero acabó en "proceso participativo" por el veto estatal. Aunque fuera para un sucedáneo, el jefe del Govern logró que se sacaran las urnas (arrasó el 'sí' a la secesión) en una acción que le valió, a él, a la exvicepresidenta Joana Ortega y a la 'consellera' Irene Rigau, una imputación del TSJC por desobediencia y malversación de fondos públicos. En ese punto y en la victoria independentista del 27-S en escaños (que no en votos) ha quedado el listón del 'procés' para el nuevo 'president' después de la renuncia de Mas tras el veto de la CUP.

LOS RECORTES

Inició Mas su mandato en el 2010 erigiéndose en adalid de la austeridad 'estilo Angela Merkel'. Presumió de perseguir el déficit cero antes incluso que Rajoy, y ya sacó la tijera a los 12 días de acceder al cargo. Su "Govern dels millors" empezó con la supresión de altos cargos de la Administración y la reorganización de empresas públicas. Más tarde llegarían la eliminación de la paga extra a los funcionarios, la privatización de empresas públicas con Aigües Ter Llobregat como estandarte (y chapuza incluida) y el intento de venta de patrimonio. Todo ello al margen del aumento y la creación de algunos impuestos y de los recortes en sanidad y educación.

Las cifras de personal en estos dos últimos ámbitos se vieron diezmadas, se cerraron instalaciones y en la enseñanza pública se suprimió la sexta hora de clase en primaria, se incrementó la jornada lectiva del profesorado y se puso fin a ideas como la del ordenador portátil por alumno. En la cartera sanitaria, al cierre de quirófanos y la restricción de algunos servicios se añadió la implantación del copago, el euro por receta, aunque el Govern tuvo que dar marcha atrás tras anular la medida el Constitucional.

La indignación social con los tijeretazos le trajo problemas al Ejecutivo de CiU en forma de protestas. Las polémicas cargas de los Mossos d'Esquadra en la acampada de mayo del 2011 en la plaza de Catalunya de Barcelona pusieron en el disparadero al entonces 'conseller' de Interior, Felip Puig, que volvió a estarlo en la manifestación de la huelga general del 2012, cuando la actuación policial motivó que Ester Quintana perdiera un ojo.

Durante este lustro de mandato Mas ha acusado al Gobierno central del "ahogo" a la Generalitat y del desfase en las balanzas fiscales para Catalunya, pero en los últimos años ha acentuado ese discurso y ha defendido la independencia como única salida. Ni el FLA ni el pago a proveedores han sido suficientes. La deuda catalana pasó de 31.000 millones a finales del 2010 a 68.000 millones en el tercer trimestre del 2015.

LA CORRUPCIÓN

Si Florentino Pérez tiene a la BBC (Bale, Benzemá, Cristiano), el mandato de Mas lo ha marcado la SRC: soberanismo, recortes, corrupción. Sobre esta última carpeta, el líder convergente ha tenido que lidiar con varios escándalos que afectaban al partido o a su entorno.

Las investigaciones judiciales y policiales alrededor de CDC han derivado en una presión política que llevó al mandatario nacionalista a comparecer varias veces en el Parlament para rendir cuentas ante los diputados. El 31 de julio del 2013 tuvo que responder en la comisión de Afers Institucionals para dar explicaciones sobre el 'caso Palau', por el que los nacionalistas tienen 15 sedes embargadas como garantía para hacer frente a una responsabilidad civil en el caso sobre la presunta financiación ilegal del partido. En aquella ocasión, Mas defendió el buen hacer de los suyos, negó tener conocimiento de ninguna actuación opaca y prometió devolver "hasta el último céntimo" si esta se demostraba.

Pero no disipó dudas. La imagen del partido siguió lejos de la pulcritud cuando el que había sido su número dos, Oriol Pujol, dimitió el 15 de julio del 2014 y dejó su escaño en el Parlament casi 16 meses después de ser imputado por su supuesta implicación en el amaño de estaciones de ITV. Parecía que no podía pasar nada más, pero sucedió. Y no solo por los casos de espionaje político (Camarga incluida), sino porque el 25 de julio del 2014 el 'expresident' Jordi Pujol admitió que había ocultado fondos en el extranjero y se inició un via crucis judicial que Mas intentó sortear alegando que se trataba de un caso estrictamente privado. Lo tuvo que decir también en sede parlamentaria, en la comisión de investigación creada a raíz de la confesión de su mentor.

El jefe del Govern defendió además que ha impulsado numerosas medidas contra la corrupción, pero le volvió a ensuciar el discurso la condena de inhabilitación al exdiputado Xavier Crespo por soborno y prevaricación y, sobre todo, la resurrección del 'caso del 3%' de supuesto cobro de comisiones. Por ello fueron detenidos miembros de CDC y por ello tuvo que responder Mas de nuevo en el Parlament pocos días antes del 27-S. Entonces acusó a las "cloacas del Estado" de estar detrás como represalia por su giro independentista.

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