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EL ESPRINT FINAL DEL 'PRESIDENT'

Artur Mas: Imágenes de 15 días cruciales

Lunes, 27 de diciembre del 2010 - 01:53h. Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
RAFAEL DE RIBOT
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El bríndis de la victoria lo compartió Mas con su esposa, Elena Rakosnik. Photographer: Eddy Kelele

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El bríndis de la victoria lo compartió Mas con su esposa, Elena Rakosnik.
El president electo, que hoy tomará posesión, ha prometido sacarse de encima los rencores y la venganza en la acción de gobierno, tras una larga travesía de siete años por el desierto.
En la victoria se fraguó su investidura, que Mas quiso celebrar con su esposa, sus tres hijos y su hermana.
La cámara sorprende al candidato cuando su barbero lo prepara para la foto final.
Mas ha querido ser un político sin amigos en la política. Sabe pasar solo los malos momentos y es enemigo de los excesos. Los primeros resultados del 28-N los conoció en el Majestic, solo.
El 28 de noviembre fue el día más largo del esprint final de Mas. Lo pasó con su equipo electoral pero lo vivió solo.
Eddy Kelele fue la sombra de Mas durante toda la campaña.
Durante los 15 días de campaña, Mas convirtió el coche en su despacho para preparar las intervenciones en sesión doble o triple, según el día.
Cuando ya se sabía president, el candidato se permitió un primer descanso junto a su esposa en la Costa Brava. Y le salió todo el cansancio.
Es la principal tarea doméstica del líder convergente. Cargar el lavavajillas del domicilio familiar, siempre bajo la mirada escrutadora de Elena Rakosnik.

Cuando Artur Mas cruce esta mañana el Saló de Sant Jordi del Palau de la Generalitat para tomar posesión del cargo de 129º president, andará los últimos pasos de una larga travesía del desierto. Como los corredores de fondo que han sabido medir sus fuerzas, y también las de sus adversarios, Mas dio el tirón en el momento oportuno, justo cuando comenzó la campaña electoral. Pese a que todo parecía indicar que partía con ventaja, sobre todo por los buenos augurios que significaban las encuestas, las experiencias del pasado le hicieron ser prudente hasta que el 28 de noviembre se abrieron la urnas y se contaron los votos; entonces sí, con la seguridad de que había aprovechado la última oportunidad, pudo empezar a imaginar cómo sería su regreso a la plaza de Sant Jaume. Hoy, si levanta la mirada al cruzar el salón, podrá recrearse en las alegorías que plasmó en las bóvedas de Fèlix Mestres, El triunfo de la inteligencia y El triunfo de la voluntad. En ambas se puede sentir representado.
Hace nueve años, cuando fue elegido para sustituir a Jordi Pujol como presidenciable de CiU, el candidato designado a dedo lo tenía casi todo por demostrar. En ese momento, Mas no era consciente de ello, pero con el tiempo ha sabido convertir su mayor debilidad en su principal activo, y dice que no se siente salvador sino servidor. Al empezar la campaña electoral vimos a un Mas que superaba su timidez y, como quien se confiesa, nos decía que el tiempo que ha pasado en el purgatorio de la oposición no ha sido en balde y que lo ha aprovechado para prepararse y para aprender de sus errores. No solo lo dijo, lo demostró. No queda ni rastro del político que no aceptó ganar dos veces y quedarse fuera del Govern; ni un solo lamento, ni una recriminación, ni una mala palabra contra sus adversarios, ni sombra de resentimiento. Por el contrario, gestos de humildad, demostración de responsabilidad y agradecimiento.

Una campaña electoral es siempre la última oportunidad para alguno de los contendientes. Por eso puede hacer aflorar lo mejor y lo peor de los candidatos, y se convierte en una ocasión para calibrar su temple y para descubrir sus debilidades. El personaje de Mas sufría mucho en campaña, se tensionaba; la persona, acostumbrada a tener que adaptarse y motivada por los retos, fue capaz de adaptarse mucho mejor. Las fotos que publica hoy EL PERIÓDICO DE CATALUNYA nos muestran cómo vivió Mas los 15 días más cruciales de su carrera política. El promedio de actos entre encuentros, mítines, visitas y entrevistas fue de 10 a 12 diarios. A pesar de ello, intentó mantenerse en forma haciendo ejercicio un par de días a la semana. Otra de las cosas que intenta hacer, siempre que se lo permite su agenda, es comer poco y sano. No es radical en nada, pero sí se ha convencido de que uno es lo que come.
La relación entre Mas y la prensa no ha sido siempre fácil ni fluida, pero también eso ha cambiado. Un día incluso jugó un improvisado partidillo de fútbol tras un mitin. El fútbol fue protagonista el día anterior y el posterior de las elecciones. En la jornada de reflexión, aprovechando la convocatoria de este diario para hacer la foto de rigor a los candidatos, dejó claro que juega con la cabeza tanto o mejor que con los pies. Y el día siguiente, como un culé más, volvió al estadi, donde desde su asiento disfrutó de la manita al Madrid.

Demostración de madurez
La mayor demostración de la madurez que ha adquirido el nuevo presidente en su dimensión pública ha sido la capacidad de mostrarse tal como es. Para Mas la política no es lo más importante y, por lo tanto, no es para siempre. Ese lugar de preferencia lo tiene reservado su familia, a la cual dice no poder dedicar el tiempo que desea y que se merece. Como si intentara compensarlos de algún modo, los ha querido tener cerca en los momentos más importantes, sobre todo el día de su victoria electoral y en el momento en que fue elegido por el Parlament. Siempre que puede demuestra que no los siente detrás de él, sino a su lado. Hoy volverá a estar arropado por los suyos, como ha sucedido siempre, en los mejores y en los peores momentos.

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