Empezar una cumbre bilateral bromeando con el interlocutor suele contribuir a relajar tensiones antes de entrar en materia, pero entraña algún riesgo si el comentario es de mal gusto. Algo así le pasó ayer al presidente del Gobierno español. Él y el primer ministro japonés, Naoto Kan, empezaron su encuentro de ayer en Tokio con chanzas sobre el escaso tamaño de la sala de reuniones y el número limitado de extranjeros que cabían en ella. Todo eran risas, hasta que Zapatero dijo en voz alta lo que momentos antes había comentado en una conversación informal con periodistas. «Es usted el cuarto primer ministro japonés con el que me reúno desde que soy presidente», le espetó con una sonrisa en la cara.
Información publicada en la página 18 de la sección de Política de la edición impresa del día 02 de septiembre de 2010 VER ARCHIVO (.PDF)
Sin pensar, había puesto el dedo en la llaga. No solo porque el sistema político nipón se desmorona por su permanente inestabilidad mientras el país no logra superar una larga situación de estancamiento. Es que, además, al propio Naoto Kan, le queda probablemente muy poco en el poder. Durante este mes competirá en unas primarias en las que todos los sondeos le dan como perdedor.
FRÍA COMPARECENCIA / El primer ministro ni se inmutó, pero la comparecencia conjunta que protagonizaron ante la prensa no fue especialmente efusiva. Del encuentro resultó la firma de dos convenios bilatelales que ya venían cocinados (seguridad social y cooperación científica y tecnológica) y una respuesta algo fría a la propuesta de convertir el 2012 en el año de España en Japón. «Haremos estudios muy positivos», se limitó a decir al respecto, aunque el presidente español ya dio por hecho que se celebraría.
Quizá Kan se había molestado por la bromita de marras o quizá el propio Zapatero tampoco mostró excesivo interés en lograr compromisos de mayor enjundia. Al fin y al cabo, es muy posible que en breve se reúna con el que ya sería el quinto primer ministro japonés de su currículum presidencial.
La frialdad entre los dos mandatarios contrastó con los más de 30 grados de temperatura registrados en la sala que albergó la posterior conferencia de prensa. Pese a ello, y tras hablar los dirigentes, ni siquiera se admitieron preguntas.
Japón fue pionera a la hora de promover el uso de ropa informal para mandatarios y ejecutivos con el objetivo de luchar contra el cambio climático al limitar el uso del aire acondicionado, pero ayer pudo comprobarse que de esa iniciativa solo queda una parte.
SEBASTIÁN CON CORBATA / El aire estaba apagado, pero los mandatarios debieron sudar lo que no está escrito sometidos a la etiqueta del traje y la corbata. ¿Que debió pensar Miguel Sebastián, el ministro de Industria, presente en la cumbre, que importó hace dos veranos la idea japonesa a España y se paseaba en magas de camisa por el Congreso para indignación de su presidente y correligionario, José Bono? Hasta sus inspiradores, los avanzados nipones, le han acabado traicionando.