Si París bien valía en su día una misa, China valdría hoy miles de millones de misas, tantas como habitantes tiene, incluso para un Gobierno tan descreído como el español. El gigante asiático es el gran motor económico del mundo a prueba de sacudidas y puede contribuir a tirar del carro de la maltrecha economía hispana a poco que aumenten las exportaciones, los turistas y las inversiones en el país asiático. Este es el mensaje que no se cansó de repetir ayer en Shanghái el presidente José Luis Rodríguez Zapatero, que para lograr su objetivo desplegó toda su capacidad de persuasión aprovechando la celebración del día España en la Exposición Universal de Shanghái 2010.
Información publicada en la página 18 de la sección de Política de la edición impresa del día 31 de agosto de 2010 VER ARCHIVO (.PDF)
Para captar la atención de los chinos, no solo se llevó a Pau Gasol, sino que exhibió en el pabellón de España la mismísima Copa del Mundo de fútbol. Este deporte hace furor aquí (la televisión pública transmitió el partido del Barcelona del sábado) y la consecución del campeonato ha supuesto un impulso importante e inesperado en la promoción de España. Miles de chinos hacían cola ayer para fotografiar el dorado trofeo.
El pabellón de España está entre los cuatro más visitados, junto a China y Japón, por razones obvias a la cabeza de la clasificación y también junto a Francia, aunque en este caso hay truco: el país del amor ofrece casar a los visitantes de su muestra.
Cesta de mimbre
¿Cual es el secreto de España? Primero, en palabras del presidente, la «calidad, belleza y originalidad» del diseño llevado a cabo por el estudio barcelonés Miralles-Tagliabue. El pabellón simula una especie de cesta de mimbre invertida. Pero si esta imagen ha llamado la atención de los chinos, la auténtica «estrella», como reconocía Zapatero, ha sido Miguelín, un bebé de 6,5 metros de altura concebido por Isabel Coixet. Feo, muy feo, mueve los labios y los ojos, pero ha copado muchas portadas de los diarios locales y su réplica ya corre falsificada por la tiendas que tantos españoles conocen.
Lo mejor que se puede decir del muñeco es lo oído a Zapatero en petit comité : «Es original». Ha cumplido, además, su objetivo de gancho, hasta el punto que el propio presidente lo utilizó en su discurso. «España tiene un futuro tan grande como Miguelín» dijo a los chinos. Casi cinco millones de personas han visto la muestra de España.
En su maratoniana jornada, el presidente echó mano de un nutrido catálogo de elogios al Gobierno chino. Además de proclamarse el «mejor amigo» del gigante asiático en Europa. Ante el secretario general del Partido Comunista de la Municipalidad de Shanghái, que ejerció de anfitrión en la ceremonia de izado de la bandera española, ensalzó «el gran éxito de la exposición, la mayor jamás realizada», y reconoció que «sin la mirada de China» nada se podrá hacer en el mundo en el siglo XXI.
La estación final del presidente fueron los pabellones de Madrid, Barcelona y Bilbao. Las tres ciudades están presentes porque la Expo está dedicada al espacio urbano. Ahí el presidente demostró su debilidad por la capital catalana al comentar entre los suyos que «Barcelona siempre va por delante», tras ver la exposición sobre la transformación del Poblenou -el 22@- y la rehabilitación de Ciutat Vella. Madrid le sorprendió con un enorme y costoso pabellón construido a base de cañas, que contrasta con la austeridad de Bilbao y Barcelona. Zapatero no pudo dejar de ironizar: «Con el endeudamiento que tienen, un poco más da igual», dijo a los suyos.
El ayuntamiento de Alberto Ruiz-Gallardón acumula una deuda de más de 5.000 millones de euros.
Pese a sus obvias preferencias, Zapatero posó junto a una maqueta del Santiago Bernabéu. Jordi Hereu, el alcalde de Barcelona, que le acompañaba y no se despegó de él en toda la jornada, se retiró entonces a un discreto «tercer plano», como él mismo explicaría luego.