El conseller de Economia, Antoni Castells, ya empieza a ejercer la libertad que él mismo se otorgó al renunciar a formar parte de la lista del PSC. Ayer se fue a Catalunya Ràdio para conceder la que, según sus colaboradores, será su última entrevista antes de irse de vacaciones y aseguró que trabajará para ayudar a su partido aunque a renglón seguido le reprochó su actitud «resignada». Lamentó que los socialistas parezcan conformados solo con dos de las posibles opciones de gobierno: tripartito o CiU. Y admitió que piensa en el escenario poselectoral –«hay que empezar a pensar en el día siguiente»– pero sin enseñar más cartas.
El 'president', José Montilla, junto a Júlia Solans, autora de uno de los carteles que el PSC presentó ayer en Barcelona. ELISENDA PONS
Información publicada en la página 16 de la sección de Política de la edición impresa del día 03 de agosto de 2010 VER ARCHIVO (.PDF)
Después de escucharle, en la dirección socialista ya corren las especulaciones sobre cuáles son las verdaderas intenciones de Castells. Unos creen que se está preparando para postularse, tras las elecciones, como el relevo de José Montilla. Si la derrota es tan estrepitosa como las encuestas apuntan, nadie podrá reprocharle que él no alertó a la dirección del PSC de que se equivocaba. Montilla se limitó ayer a expresar su respeto por la decisión de Castells y la enmarcó en el ámbito personal.
Otros dirigentes creen que el conseller no se mueve por ningún interés oculto y recuerdan que para ser el candidato de un partido hay que tener una proyección pública que difícilmente se consigue fuera del Parlament. Hace cuatro años, Montilla tampoco era diputado pero tenía proyección como ministro y todo el aparato del PSC a su servicio.
Mientras tanto, cada vez surgen más voces que sitúan a Castells como sustituto del alcalde de Barcelona, Jordi Hereu. «Es un señor de Barcelona y eso es lo que quieren nuestros votantes en la capital», subraya un dirigente socialista.
«LA BANDA DE LOS CUATRO» / Otra cosa muy diferente es que, de momento, algún cargo se atreva a cuestionar a Castells públicamente. Son mayoría los que creen que con unas expectativas electorales tan negativas solo falta que el partido se enzarce en disputas internas que solo contribuirían a empeorar la situación. Lo que toca ahora, en palabras de uno de los estrategas del partido, es dedicarse a explicar el trabajo hecho durante estos cuatro años para intentar convencer a los votantes que todavía se declaran indecisos. Por eso, Montilla no se desplazará este verano a la playa granadina de La Herradura, donde veranea desde hace 14 años. Tanto él como sus consellers se dedicarán a pasear por fiestas mayores y agrupaciones de partido.
La decisión de Castells no sorprendió excesivamente en la dirección del PSC. Las últimas dos ejecutivas fueron de las más agitadas que se recuerdan. Castells junto a Ernest Maragall, Montserrat Tura y Marina Geli –a los que ayer un miembro de la dirección definía como «la banda de los cuatro»– cuestionaron la estrategia del partido en Madrid e insistieron en la necesidad de marcar un perfil propio respecto al PSOE. La titular de Defensa, Carme Chacón, y Castells protagonizaron un debate de los que se recuerdan y de hecho, el titular de Economia no ha escondido su malestar por la actitud de la ministra, a la que le censura que dé prioridad a los intereses del PSOE en vez de a los de Catalunya.
GONZÁLEZ Y CHACÓN / Fuentes cercanas a Chacón subrayaron ayer que si el conseller está molesto por el artículo que ella y Felipe González firmaron en el diario El País y en el que bendecían el contenido de la sentencia sobre el Estatut, debería tener en cuenta que antes de publicarlo recibió el beneplácito de Montilla.
De hecho, ni que sirva a modo de ejemplo de la complejidad del PSC, ayer mismo un dirigente ironizaba con el tirón que todavía hoy tiene González entre el electorado socialista catalán: «¡Deberíamos traerlo después de las vacaciones y no dejarlo ir hasta pasadas las elecciones!».Desde que Montilla asumió la primera secretaría, el silencio se impuso y son muy pocos los dirigentes que se atreven a criticar las decisiones del núcleo duro. Quizá por el silencio impuesto, por las vacaciones o porque son pocos los que le apoyan, lo cierto es que Castells se ha quedado más bien solo. El más explícito en su defensa ha sido Maragall, el conseller de Educació. En el PSC se da por hecho que no repetirá en la lista e interpretan que por eso habla con mucha más libertad.
La titular de Justícia, Montserrat Tura, está pendiente de una conversación con la federación del Vallès Oriental y de conocer también la opinión de la dirección del partido, que de momento mantiene la incógnita. En todo caso, ella estaría dispuesta a repetir en la lista. Por su parte, el conseller de Política Territorial, Joaquim Nadal, que ha sido ratificado como candidato por Girona, se aferró a la lectura positiva de la andanada de Castells. «En el fondo, es un aval al president y un refuerzo de la vía federal del PSC», argumentó con el mismo pragmatismo que ha aplicado durante toda la legislatura para evitar cualquier fricción con el núcleo duro del partido.
Con la salida de Castells gana fuerza el nombre de la secretaria del Govern, Laia Bonet, como número dos por Barcelona. Hubo un momento en que se sopesó la opción de que fuese la candidata por Tarragona, pero para evitar un enfrentamiento con la vieja guardia en esta provincia se acabó escogiendo al delegado de la Generalitat, Xavier Sabaté.
En privado, más de un dirigente se pregunta si situar a Bonet de número dos no es una decisión arriesgada teniendo en cuenta su poca experiencia política. Si hubiese una debacle y Montilla optase por irse a casa, ella debería hacerse cargo del grupo socialista en el Parlament. «¿Es el espadachín que necesitamos para batirse cada semana con un Artur Mas crecido?», dudaba ayer un destacado dirigente socialista.