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Al contrataque

Pepa Bueno

Periodista 

La ideología de género

@PepaBuenoHxH

Sábado, 5 de enero del 2013

El mundo entero ha seguido conmovido la violación y el asesinato de la joven india Amanat. Asaltada, violada y apaleada en un autobús de Nueva Delhi. Su caso ha permitido conocer un dato estremecedor: en la India violan a una mujer cada 20 minutos. Desde aquí, desde el viejo y agonizante primer mundo, nos echamos las manos a la cabeza. Pero justo cuando comenzaba el juicio contra los responsables del crimen de Amanat nos llegaba la noticia de la primera muerta por violencia de género en el 2013 en España. Muy cerquita de todos nosotros. En Benaguasil, Valencia.

En diciembre se cumplieron 15 años de la muerte de Ana Orantes, quemada viva por su exmarido en Granada. Trece días antes ella había contado en Canal Sur el horror de su vida juntos y cómo él la consideró siempre una cosa, «un bulto», según sus palabras. El asesinato ocurrió en la casa que según la sentencia de divorcio compartían, pese a los 40 años de malos tratos que Ana y sus ocho hijos habían padecido, en silencio, como una tradicional familia española más. Hace solo 15 años el entonces vicepresidente del Gobierno, Francisco Álvarez-Cascos, dijo que se trataba de un caso aislado. Pero la inmensa mayoría de la sociedad española entendió que no lo era. Muchos comprendieron gracias a Ana Orantes que la violencia machista no era un suceso aislado ni la obra de un loco, sino el producto de la desigualdad entre hombres y mujeres. Y empezó un largo camino que incluyó años después la aprobación por unanimidad de todos los partidos en el Congreso de la ley integral contra la violencia de género con las primeras herramientas eficaces y transversales para combatirla. Incluida la educación. Pero del camino que queda por recorrer dan cuenta las 46 muertas del año pasado.

El obispo

Y ahora, justo cuando la crisis mantiene a muchas maltratadas en casa con su torturador porque separarse siempre es caro y en este momento imposible para muchos, cuando la inversión en políticas de igualdad en los Presupuestos del Estado ha caído un 19%, cuando el paro y la precariedad laboral hacen peligrar la independencia de tantas mujeres, el obispo de Córdoba advierte a sus feligreses contra los peligros de la ideología de género que «destruye a las familias». Con esa portentosa imaginación de la que hacen gala tantos miembros de la jerarquía católica para describir las vidas que no conocen, el obispo dice que el feminismo radical se va extendiendo implacablemente, incluso en las escuelas. Pues menos mal, monseñor, que el feminismo se extiende. Quizá por eso organismos tan radicales como la OIT o la ONU alertan en un informe conjunto publicado en diciembre de que las desigualdades entre hombres y mujeres han crecido desde que estalló la crisis en el 2007 revirtiendo una tendencia que se había atenuado en las últimas décadas. Y dicen además que no se prevén mejoras en los próximos años.

Pero es que de la violencia, del paro, de la pobreza o de los desahucios que afectan a tantas familias tampoco ha hablado esta vez el señor obispo.

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