Para cumplir con la tradición que ha implantado Mariano Rajoy desde que preside el Gobierno, ayer fue también un viernes con regalito informativo. No fue un Viernes de Dolores como otros, pero a más de uno se le debió torcer el gesto ante una noticia tan prevista como temida. En una suerte de Wikileaks farmacéutico, el Ministerio de Sanidad, que con mano firme pilota Ana Mato, detalló qué medicamentos y en qué circunstancias quedarán fuera de la cobertura de la Seguridad Social. En cuanto saltó la liebre, los medios nos apresuramos a titular con las joyas de la corona que se excluían del sistema: Mucosan, Almax o Fortasec. De cuántos apuros nos han sacado estos fármacos.
Información publicada en la página 36 de la sección de Contraportada de la edición impresa del día 18 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Falta información para precisar la eficacia de la medida, con la que Mato confía en ahorrar más de 400 millones. Tanto cuando se anunció este medicamentazo como cuando se ha detallado la medida, se han alzado voces, como la del conseller Boi Ruiz, que temen que el efecto sea el contrario del deseado: que el paciente acabe optando por medicamentos más costosos. El tiempo dirá.
La consulta de la lista de medicamentos publicada por el BOE es recomendable, no solo por el servicio público que supone, sino también como lectura de verano. Si tienen un minuto, repasen con un poco de atención las marcas de la lista.
El nombre de la cosa
Es admirable el ingenio y, a la vez, el ánimo informativo que los expertos de márketing de los laboratorios o las empresas a las que encomiendan esta función ponen a la hora de bautizar un medicamento. Unos siguen la máxima de introducir una x en el nombre, lo que supuestamente da más verosimilitud científica (Almax, Belmalax...); otros parecen sacados de El Señor de los Anillos (Ergodavur); otros dejan muy claras sus intenciones (Hemorrane, Calmatel), y los hay también con sonoridad evocadora (Perduretas).
Esta versión del medicamentazo no ha sido el golpe mayor a la sanidad ni será el último. Solo cabe confiar en que sea para bien. Y que el Señor nos conserve la salud.