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La crisis de valores

Volver a poner las cosas en su sitio

Los políticos deben ser forzados por la sociedad a asumir de nuevo su papel de servidores públicos

Miércoles, 15 de agosto del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
ALFREDO CONDE

Se comenta que el mundo está cambiando, incluso que lo está haciendo a pasos agigantados, pero es de temer que ya lo haya hecho y no de forma tan imperceptible que no nos hayamos dado cuenta. Por ejemplo, hace casi cien años -y cien años, históricamente, no son nada-, cuando un banquero conducía directamente a la ruina la institución que dirigía, optaba por la entonces considerada salida honrosa consistente en el suicidio. Se levantaba la tapa de los sesos de un disparo, saltaba por la ventana o pasaba directamente a mejor vida con una discreta ingestión de barbitúricos. Ahora no.

MIRTA ARIGORIA

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Información publicada en la página 7 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 15 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

No es que debamos echar de menos medidas tan radicales para lavar la honra mancillada por una mala gestión, que no necesariamente por una mala idea o por una falta de visión, cuando no por unos tiempos que se revuelven y embisten castigando directamente el plexo solar, pero sí nos debe extrañar un poco, por lo menos un poco, que en nuestros tiempos opten los banqueros por lavarse la honra con balneoterapias caribeñas una vez llevado a cabo el preceptivo acopio de unos cuantos millones de euros que les permitan el ansiado disfrute de las que sin duda han de considerar unas muy merecidas vacaciones. Fíjense si han cambiando los tiempos, la moral y los riesgos de dirigir una institución de crédito bancario.

El mundo ha cambiado. Lo ha hecho la moral y el ejercicio ético se ha convertido en indoloro. Ya no hay próceres como los había antaño. Aquellos tiernos libritos que leían nuestros padres -El buen Juanito, La buena Juanita, Vidas de Santos, Manual de Urbanidad-- han sido sustituidos por las clases magistrales que doña Mercedes Milá imparte desde la cátedra televisiva que tan fervorosamente ocupa o por los asamblearios cónclaves presididos por el licenciado Jorge Javier Vázquez en horas de mayor audiencia. Incluso aquel andar reposado y solemne de los prohombres que se ocuparon en la cosa pública ha sido sustituido por ese dulce balance de torero en paseíllo con el que nos honran los ministros, encabezados por el primero de ellos, el que por ahí adelante se llama primer ministro y aquí llamamos presidente, cada vez que descubren que los enfoca una cámara de televisión. Fíjense en Rajoy, por ejemplo, estirando ostentosamente su braceo, alargando el paso y recordando la dulce oscilación del Galatea cogiendo la mar y el viento de empopada.

¡AH, EL LENGUAJE gestual como denuncia de los pensamientos interiores! También eso ha cambiado. El pellizquito maxilofacial con el que el señor Arenas agasaja a la ministra Fátima Báñez en el medio y medio del 13º congreso regional del Partido Popular celebrado recientemente en Granada, esa su mejilla tenue y graciosamente tratada por los dedos índice y pulgar de don Javier mucho nos dice acerca de que no son tan duros los tiempos como los pintamos. ¿Será que viven en otros tiempos los que pertenecen a la casta dominante, pertenezcan unos al gobiernos, a la oposición otros? Es posible, dado que la oposición está hasta gestualmente muda.

¿Cuándo empezarán a prodigarse otros gestos, distintos modos de cese de políticos y banqueros, diferentes formas de encarar la crisis que generaron unos y están pagando otros generalmente conocidos como LDS; es decir, como Los De Siempre, denominación que por mucho que algunos lo ignoren es tan estupefaciente como el LSD aunque de efectos todavía más colectivamente perniciosos. Nadie quiere ser tan vulgar como para pertenecer a la maltratada clase de los LDS, nadie quiere que lo identifiquen con ella, todos queremos singularizarnos y ser nosotros mismos y semejantes a los privilegiados que dejan pasar las cosas. Claro que los tiempos ya han cambiado.

Imperceptiblemente ha ido cambiando el sistema de valores en el que nuestra sociedad se sostenía. Como el electricista que se llevó para su casa, amén del Códice Calixtino, cientos de miles de euros de dadivosa recaudación catedralicia porque, según afirmó, en la seo compostelana todos robaban y él también tenía que mirar por la vida, como él, de un modo u otro, todos llevamos años mirando por la vida.

QUizá ahora, a la vista de cómo nos tratan, debamos comenzar a hacerlo, debamos empezar a mirar por la vida; pero en serio, porque quizá haya llegado el momento de que la inmensa mayoría de la sociedad deba considerar la necesidad de volver a poner las cosas en su sitio. La primera de todas ellas, el papel de los políticos forzándolos a asumir de nuevo su condición de servidores públicos en lugar de la de profesionales de la política que se han venido arrogando a lo largo de los años. Y también, señalando con el dedo a los jueces corruptos u obsecuentes con los banqueros y con los políticos, viendo de meter en cintura a quienes se adjudicaron indemnizaciones multimillonarias con el dinero que se les había confiado.

La pregunta es cómo hacerlo, cómo ponerle el cascabel al gato, pues que se trata de una necesidad imperiosa es algo generalmente aceptado. Las posibles respuestas, al ser cosa de todos, se antoja preceptivo que todos las vayamos pensando por si somos convocados a expresarlas. Y lo seremos. Visto el sesgo que la vida ha ido tomando, habrá que recolocarlo todo. Vayámoslo pensando.

Escritor.

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